Armando Martínez de la Rosa

Peligrosa estupidez

Disparar armas de fuego al aire la noche en que se parten el año viejo y el año nuevo ha sido una peligrosa estupidez. Tal práctica ha perdurado. Es probable que se repita el 31, mañana, último día de 2025.

Espero que las patrullas de policía, de la Guardia Nacional y del ejército apañen a varios de esos individuos de gatillo fácil, que sirvan de algo los rondines en que hasta ahora sólo gastan gasolina y desvelan o asolean a los soldados y los gendarmes.

Una bala lanzada al aire regresa necesariamente a tierra a velocidad tal que puede matar o herir gravemente y dejar secuelas de la agresión a una persona, si la impacta. Han ocurrido infortunios tales.

En Casa de Gobierno, la entonces gobernadora Griselda Álvarez organizó una cena de año nuevo en los jardines de la residencia. Sabedora de las balaceras de la noche final del año, ordenó a la policía y al ejército vigilar las calles para disuadir a los pistoleros improvisados. El operativo lo coordinaba el comandante de la vigésima zona militar.

-General, ¿está listo el operativo contra las balaceras?- preguntó la señora. El militar estaba en la silla al lado de ella en la mesa de honor.

-Sí, señora gobernadora, como usted lo ordenó- respondió el general.

Poco después, cuando se disponían a cenar, los disparos comenzaron a escucharse por muchos rumbos de la ciudad. Con mirada dura, doña Griselda Álvarez volteó a ver al militar, que palidecía. Y antes de que pudiera ocurrírsele una salida a la penosa circunstancia, una bala perdida cayó exactamente en el plato del general y lo rompió en pedazos.

La cena hubo se trasladarse a los salones de la residencia gubernamental, donde los contertulios estuviesen a resguardo.

Un fin de año, décadas atrás, acampaba con mi familia en una playa de Michoacán, en casa de campaña bajo una enramada de palapas. En el balneario se encontraba un pelotón de soldados. Supuse que así se garantizaba que no habría balaceras al aire en el pueblo esa noche última del año.

Llegó la medianoche y, en efecto, nadie disparó. Minutos después, el pelotón entero, con el jefe al mando, pasó rumbo a la playa y se plantó en la arena con el agua de las olas casi mojándoles las botas. Y desde ahí lanzaron metralla en dirección al mar.

Fue como una orden a los rancheros del pueblo, que sacaron pistolas, rifles y escopetas y se desató la refusilata. Dentro de la casa de campaña, cubrimos con nuestros cuerpos a los entonces pequeños hijos en previsión de una bala perdida, que gracias a Dios nunca llegó.

Dijo el escritor, ensayista y sociólogo italiano Umberto Eco en su discurso de recepción de un premio literario en 2015 que en las redes sociales prevalece la legión de los imbéciles. Yo agregaría que hay otra sección en la legión de imbéciles, esos que disparan la noche de año nuevo.