Armando Martínez de la Rosa

Tiempo de sátrapas

Los sátrapas mayores se reparten el mundo y reclaman cada cual lo “suyo”. Y encuentran los mejores argumentos para su conducta poniendo en chirona a los sátrapas menores, que ahora están aterrorizados por las que deben.

La tragedia del mundo es a la vez un tanto cómica. Los asquerosos bandidos del gobierno chino se alistan para ir por Taiwán a la primera oportunidad, pues aseguran que la gran isla es de su propiedad. Ahora que está perdiendo Irán, Putin reclama la mitad de Ucrania (de lo perdido lo que aparezca), aunque los ucranianos le han dado varias lecciones de guerra y bofetadas en el rostro. Y Trump anda desatado cumpliéndole gustos a Maduro. -¡Venga por mí. Aquí lo espero en Miraflores, cobarde!- le gritó el ultracorrupto Nicolás a Trump, quien le cumplió el gusto.

Es la guerra antes de la guerra. O para evitar la guerra. Trump lo sabe. Por eso reclama para sí la enorme isla de Groenlandia, que en una reyerta mundial será puesto militar clave para atajar a los rusos. Tal su interés, porque aparte de osos y salmones, en Groenlandia no hay gran cosa.

Los sátrapas mayores, pues, emocionan y contentan a una parte del mundo defenestrando sátrapas menores, quienes no por menores son menos crueles con sus pueblos. Son idénticos, pero unos tienen más poder que otros.

Cuando se llevaron a Maduro, que estaba vestido con un muy socialista piyama de Nike que cuesta como 4 mil pesos mexicanos, fue tan valiente que quiso cerrar la puerta de su bunker aunque su esposa -bandidaza ella también- estaba todavía fuera. De todos modos lo habrían sacado de la cueva.

Y ahí andan acusándose unos a otros llamándose a sí mismos demócratas y defensores de la patria y demonios del mal a los otros. Y todos son como Malamén, el del rezo.

Los demás toman partido donde les conviene. Quieren salvarse con el pretexto de salvar patrias y honores nacionales. Unos aplauden; otros se orinan en los pantalones porque la ven cerca, como los que han gobernado entre sobornos y narcos.

Sí, vendrán los reacomodos, el reparto de territorios de influencia, en nombre de la libertad, la justicia, la equidad y el bienestar de los pueblos. Panda de farsantes, peligrosos farsantes todos ellos. El mundo no tiene remedio, sólo reacomodos por nuevos repartos, puros maquillajes y maquillistas.

Todos son Maduros, todos son Trumps, todos Putins, todos son hijos de la misma mala madre en este tiempo de sátrapas.