Armando Martínez de la Rosa
** El agua, el granizo y las nieves de enero desaletargan a Colima.
Nadie debiera llamarse a sorprendido por el clima. Por diversos medios, había avisos ayer de la probabilidad de lluvias. Pero ni los nublados de tempestad que oscurecieron la vida convencieron a quienes desconocen el fenómeno de las cabañuelas.
Será acaso porque ahora son esporádicas y van muchos eneros que se van tan secos como arenas de desierto, las cabañuelas son poco conocidas por muchos colimenses, sobre todo los más jóvenes, aunque también hay viejos que las desconocen, como si ellos vinieran de un mundo raro.
Las cabañuelas ahora causan inundaciones. Y a las inundaciones los alcaldes les llaman “encharcamientos” para que suene menos dramático que inundación. En realidad, son las carreteras mal hechas las causantes de las inundaciones, u otras construcciones defectuosas, fraccionamientos y colonias mal planeadas que también aportan cuota mientras los gobiernos le dan poca importancia a las obras públicas, y menos aquellas ajenas a su injerencia.
Ahora no se desbordó el arroyo de Manrique sobre la avenida 20 de noviembre. Hubo mucha agua, pero no la suficiente.
Se cayeron árboles sobre las carreteras. A veces se derrumban sobre autos y ocasionalmente sobre personas? ¿Por qué hay árboles tan cercanos a las carreteras? ¿Los plantan cuando las construyen o el azar los coloca a la vera? Protección Civil no ha hecho un análisis de qué especies son más propicias a desgajarse y, por tanto, representan riesgo. Si lo hubiera, se evitarían accidentes.
En los volcanes volvieron las nieves. Duran el día y la víspera, tiempo suficiente para formarse las peregrinaciones de quienes quieren sentir la nieve en sus manos, divertirse y tener la experiencia de la que otros huyen: las nevadas invernales. Tal el paisaje ideal para ver desde Colima y fotografiarlo desde Comala: las 2 montañas cubiertas del helado manto blanco.
En tiempos lejanos, las cabañuelas llegaban puntuales. El invernal enero se convertía en oráculo del clima de verano. Decían los mayores que durante el primer mes del año llovía para augurar el temporal del resto. Así que había varios días de cabañuelas. Por ejemplo, si el quinto día de cabañuelas era lluvioso, mayo lo sería también.
Ahora, el clima se predice con modelos matemáticos, observaciones satelitales y un mundo de tecnología para saber lo que los viejos de antes sabían, si iba a llover mucho en verano y valía la pena sembrar. Este clima ya está lejos del antiguo. Y los científicos no acaban de explicarnos qué hacer. Pero esta lluvia no debiera sorprendernos, estaba más anunciada que gira presidencial
