Armando Martínez de la Rosa

Las noches frías

¿Qué tan fría puede ser una noche de invierno en un clima subtropical como el de Colima?

La respuesta es variable, según las condiciones de una fecha concreta, de la altitud del terreno sobre el nivel del mar, de si se está a resguardo o a la intemperie y, por último, de qué tan equipado está para enfrentar el frío quien deba pasar tal noche. Pero sí, una noche en los montes de Colima puede ser muy fría, torturadoramente helada.

A fuerza de pasar fríos, el cazador aprende. Hay siempre un conflicto entre la necesidad de ir ligero y la de protegerse de las bajas temperaturas. No es sencillo calcular y decidir. Hasta ahora, los servicios de pronóstico del tiempo en México son muy imprecisos, ambiguos con frecuencia y tan generales que terminan por no informar, especialmente el Servicio Meteorológico Nacional de la Conagua. De paso, diré que los sitios web de la Conagua, SMN -igual que el resto de los gubernamentales- dan prioridad a difundir los rollos propagandísticos y panfletarios de la presidenta Sheinbaum que la materia de cada cual. ¡Cuánta lambisconería!

En el caso de los cazadores de venados al acecho – “espiando” -, en las esperas nocturnas, se suelen pasar fríos terribles cuando se va mal equipado. He pasado largas esperas padeciendo bajas temperaturas que hacen tiritar. Cierta vez, siendo joven, atravesé un arroyo sin quitarme las botas. Eran como las 6 de la tarde. A las 7 ya estaba en el puesto. El calzado mojado me tuvo al borde de la hipotermia y rezando por que amaneciera.

Muchos años después, con la idea de ir ligero por el largo trayecto de ascenso en el cerro, llevé menos ropa de abrigo de la necesaria. Fue, claro, otra noche de tortura.

El problema del frío sentido intensamente consiste en que impide concentrarse en la caza, induce errores y finalmente apresura el sueño en la madrugada, esto es, interrumpe la vigilancia del acecho.

Hay quienes son más sensibles al frío y otros son más resistentes. Con base en eso, un cazador debe calcular qué necesita para este o aquel lugar en esta o aquella época del año.

Sin embargo, hay elementos básicos. Ropa térmica, de preferencia. Un par extra de calcetas por si fueran necesarias. Camiseta, sudadera, bufanda y chamarra. Guantes, gorra de lana o similar, dos pequeños ponchos de tela sintética que son muy abrigadores. Uno de esos mantos es para abrigar pecho y espalda y el otro para cubrir las piernas. Algunos usan un pantalón deportivo bajo el de camuflaje. Funciona, pero resulta incómodo. Y, por último, otro poncho ligero para colocar en la hamaca y evitar así el aire gélido en la espalda.

Deben desterrarse algunos mitos. Uno de ellos dice que beber café te lleva calor al cuerpo. Es falso de toda falsedad. Otro: Llevar cobija de cama al monte a espirar venado. A no ser que vayas a dormir, no cargues tanto peso. Uno más: Los chocolates te hacen entrar en calor. Son deliciosos, pero no quitan el frío. Las bebidas alcohólicas te mantienen calientito. Salvo que enciendas el alcohol y hagas una fogata y eches a perder la “espiada”, llevar embriagantes a la cacería es una tontería.

Como fuere, el cazador ha de estar siempre dispuesto a las incomodidades del monte y el frío es una de ellas. Pero debe ser a la vez inteligente para prevenir noches heladas. En nuestro subtrópico también bajan las temperaturas y mucho.