Armando Martínez de la Rosa
** Suspende la otrora emblemática Feria Internacional del Libro de La Habana por desabasto de combustibles.
Sin gasolina, sin dísel y con nulas posibilidades de conseguir tales carburantes, Cuba se muere poco a poquito, o mejor dicho, la dictadura que después de 70 años de poder incontestable clama por barriles de petróleo cuando hasta hace poco vendía el crudo que le regalaban los gobiernos mexicanos.
Una señal impactante de la agonía de la dictadura es la suspensión de la otrora emblemática Feria Internacional del Libro de La Habana, que reunía a las inteligencias más preclaras afines al régimen, algunas de ellas prestigiadas mundialmente. La dictadura de Fidel Castro derrochaba dinero para impresionar a los fácilmente impresionables, los acríticos amigos del régimen. Creían que ser afines a La Habana les daba prestigio, independientemente de la calidad de sus obras literarias o periodísticas.
Por contraste, en ese jolgorio internacional de los libros en La Habana, estuvieron ausentes siempre voces relevantes de la literatura cubana que la dictadura intentó acallar.
Reinaldo Arenas
Bajo la dictadura, el caso de la represión contra Reinaldo Arenas hizo que sonaran las alarmas en el mundo hispano. Disidente, crítico, prosista y poeta abiertamente homosexual, a Arenas el régimen de Fidel Castro y el Che Guevara lo segregaron desde el principio y lo encarcelaron de 1974 a 1976 por el delito de “desviaciones ideológicas”. Tras salir de prisión, permaneció unos años en Cuba y en 1980 fue exiliado. Murió en 1990.
Ángel Cuadra
Poeta crítico de la dictadura de Batista que la revolución derrocó, mantuvo su posición disidente, lo que le valió una condena de la dictadura castrista a 15 años de prisión.
En la cárcel, continuó la actividad disidente y desde ahí dirigió grupos literarios y revistas. La presión internacional obligó a liberarlo en 1985. Se exilió en Estados Unidos. Continuó en el activismo contra la dictadura. Murió en 2021.
María Elena Cruz Varela
Cuando el gobierno de la isla comenzó a mostrar su verdadero rosto, María Elena Cruz Varela se sumó a la disidencia y a la crítica. Tiempo después, una turbamulta encabezada por dos escritores supuestos amigos suyos atacó su casa, golpeó a los opositores reunidos ahí, a la hija de la poeta y a ésta la arrastraron a la calle golpeándola.
Ni la cárcel la doblegó. Salió tras 2 años prisionera, se exilió en España y en Estados Unidos, y desde el extranjero persistió en criticar al régimen castrista.
Jorge Olivera Castillo
Periodista, escritor, disidente de la dictadura, fue encarcelado en la Primavera Negra de 2003, cuando la dictadura detuvo en unas horas del 18 de marzo, a unos 75 opositores, todos bajo un juicio sumarísimo. Lo condenaron a 18 años de cárcel, pero salió 2 años después por deterioro grave de su salud. Desechó la oferta del exilio y continuó combatiendo en Cuba a la dictadura.
Raúl Rivero
Poeta y periodista, fue encarcelado en la Primavera Negra de 2003. Sobrevivió al encierro y se mantuvo disidente. Acusado de actos “contra la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba y actos contra la independencia o la integridad o estabilidad territorial del estado” fue condenado a 20 años de cárcel. Por razones de salud deteriorada, salió en 2004 y fue al exilio a España.
Manuel Vázquez Portal
Periodista y poeta, pasó de los altos puestos de la cultura del régimen a la disidencia y la crítica a la economía y falta de democracia en la isla. Fue condenado a 18 años de cárcel en la Primavera Negra de 2003. Poco después salió al exilio en España.
Ángel Santiesteban
Uno de los grandes escritores cubanos contemporáneos, Ángel Santiesteban, se ha mantenido crítico a pesar de la represión de la dictadura. Condenado a 5 años de cárcel por un delito inventado. Libre, se sostuvo crítico de la dictadura.
Heberto Padilla
El más emblemático disidente, el escritor Heberto Padilla, fue obligado a autoinculparse públicamente, en un evento que pasaría a los anales universales de la infamia, estuvo treinta y siete días encarcelado (de marzo a abril de 1971) en la prisión de la sede de la ignominiosa Seguridad del Estado.
Ninguno de ellos está en la Feria Internacional del Libro de La Habana y no son los únicos, sino los más conocidos disidentes. Ni necesitan estar en esa feria. Los sobrevivientes ven ahora como los tiranos se apagan, se hunden y desaparecen ante la luz de la libertad y la democracia que se aproximan. A nadie le importa que suspendan la Feria Internacional del Libro de La Habana, que más bien es el prólogo a la caída de la tiranía que se ahoga sin petróleo.
