Abriga a tu hijo, terra nostra
Ahora que vengo, he visto tu mundo arder. Como una gota de sangre cayendo sobre el agua.
Es el tiempo en que has contemplado la profundidad de tu abismo, pero no tu hermosa alma.
No tienes la calma falsa de aquellos que te derribaron, que profundizaron tu dolor.
No es tuya la tierra, pero sí querrás pedirla a manos de quienes obran sobre ella.
Es dolor lo que sientes, pero es dolor de una falsa pérdida de algo que no te fue negado.
Contempla, ríe, llora, abraza, besa pero como dijo aquel sabio en su mundo: no claudiques.
Es el momento de que tu memoria recuerde el héroe que fuiste, la hoz que te han negado.
No interrumpas, no sales su aroma de provincia con estas tierras áridas de soledad.
No desfallezcas si el tiempo malo vendrá por tu reciente victoria, por tu sonrisa ecuestre.
Que aquí he decirte, no es lo adecuado servirse con el plato que no honra, que no dice.
Proclive a los abismos, te digo hoy: barro que tanto das, abriga a tu hijo esta noche.
