Hay victoria

Cicatrices lleva el arado, marcas de sangre, pústulas de trabajo durísimo.

Es el tiempo de nosotros, como siempre lo ha sido. No errar, nuestra complacencia.

Aquellos que se obstinaron en derrocarnos, hoy sufren la piedad de la soledad.

No tenemos rencor por ellos pero han decidido alejarse, no estar aquí.

No los nombramos, pues no son nuestros, pero se imaginan ustedes toda su crueldad.

Sueñan, duermen, pero con un ojo abierto y el otro puesto en el vacío de la derrota.

Hay tantos que sueñan nuestro mundo y sólo nosotros hemos podido alcanzarlo.

Es nuestro, nuestro mundo, nuestra compañía que nos ahuyenta de toda soledad alcanzable.

No decimos, amamos, no queremos, nos desgarramos, no sentimos, lloramos cuando es necesario.

Y reímos, reímos muchísimo, reímos todo el tiempo pues estamos felices con nuestra victoria.

Ellos no saben, ellos dicen pero no aman, ellos han olvidado como ríe, como trina el pájaro.

¿Qué haremos, qué diremos, qué amaremos, qué reiremos? Nuestra victoria es la Fe.

¿A dónde iremos a escondernos cuando vuelvan los heraldos negros con sus malas noticias? No lo sé, pero no huiremos y estaremos aquí de nuevo para que otra vez, de nuevo, nos vean vencer.