** La fe, la dignidad humana y la libertad religiosa deben ser protegidas, sostiene la Conferencia del Episcopado Mexicano. ** Autoriza Netanyahu acceso irrestricto al templo.

La Conferencia del Episcopado Mexicano deploró ayer la prohibición de oficiar misa en el Santo Sepulcro, en Jerusalén, en Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa.

Jerusalén occidental fue integrada en 1949 al territorio de Israel y en 1969 se adjudicó la oriental. Palestina reclama desde entonces la parte oriental de la ciudad, que el Estado de Israel la nombró su capital.

La guerra en Oriente Medio ha colocado a Jerusalén dentro de una zona de bombardeos de Irán y Hezbolá.

Tras habérsele negado ayer por la Policía de Israel, Domingo de Ramos, la entrada al templo del Santo Sepulcro, el cardenal Pierbattista Pizzaballa bendijo la ciudad de Jerusalén con una reliquia de la Santa Cruz. La breve ceremonia tuvo lugar al pie del Monte de los Olivos –frente la puerta por donde Jesús entró a Jerusalén.

Conforme al Evangelio de San Mateo, Jesús se acercaba a Jerusalén desde Betania y Betfagé, junto al Monte de los Olivos. Sabía que era el inicio de su pasión, pero cumplía la profecía de Zacarías: “He aquí que tu Rey viene a ti, humilde y montado en un asno”. De ahí el relevante significado de la misa en el Santo Sepulcro. Esta es la primera vez que en siglos se negó oficiar la misa a los católicos en Israel.

Más tarde, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, autorizó el acceso sin restricciones de Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, al templo del Santo Sepulcro.

La instrucción la dio el mandatario después de que agentes de la policía israelí impidieran la celebración de la misa de Domingo de Ramos en el templo.

Ante la prohibición de oficiar la eucaristía ayer, la Conferencia del Episcopado Mexicano manifestó lo siguiente:

“En el inicio de la Semana Santa, este dolor que brota desde Tierra Santa resuena también en el corazón de la Iglesia en México. Lo que ocurre en Jerusalén no nos es ajeno: nos recuerda que la fe, la dignidad humana y la libertad religiosa deben ser siempre protegidas y promovidas.

“Hoy más que nunca, estamos llamados a ser testigos de paz en medio de nuestras propias realidades. Que este acontecimiento nos mueva a pedir a Dios con mayor intensidad, a construir puentes donde hay división y a vivir con autenticidad el Evangelio del amor. Que esta Semana Santa no pase de largo: hagamos de ella un verdadero camino de conversión, reconciliación y esperanza”.