Invéntate un pretextito

He conocido y padecido presidentes y regímenes políticos en tiempos de la dictadura perfecta y los posteriores. Muchos eran refractarios a la crítica, alérgicos a las verdades, empecinados como una mula, recubiertos de sí mismos para habitar su propio mundo ajeno a la estructura de la realidad.

He padecido desde pulcros asesinos como Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría hasta cínicos del poder como José López Portillo y torpes hablantines como Vicente Fox, o listillos para el dinero y el tráfico de poder como Enrique Peña Nieto. A ellos y su cauda de barbajanes.

Nunca, sin embargo, había testificado el paso de un régimen absolutamente cínico, descarado y de piel muy delgadita que brinca, patalea y agrede ante la mínima crítica. Y como generalmente carece de razón y abunda en culpa, termina tragándose sus palabras, sus ofensas, sus alusiones al pasado y sus etcéteras tan prolijos. Y luego se inventan un pretextito al estilo de Layín, el alcalde nayarita, que adosó una suya a las frases inmarcesibles de la política mexicana: “Sí robé, pero poquito”.

Eso les pasó hace días con el Tren Maya, con el Metro -pan de diario- y ahora con Pemex y el derrame de petróleo en el Golfo de México.

Semana tras semana, desde febrero hasta abril, Pemex negó responsabilidad suya en el derrame. Tampoco informó quién lo fuese. El gobierno todo se comportó como la panda de malandrines que es para expiar culpas “limpiando” playas y recogiendo natas de crudo sólo ahí donde ve la suegra, nunca en los más de 600 kilómetros de costa y aguas marinas contaminadas.

Ayer, Pemex y el gobierno no pudieron más. Admitieron su culpa y, claro, cesaron a 3 funcionarios menores a quienes culparon de no informar del derrame de un oleoducto de 36 pulgadas por donde se fugó el petróleo que causó la tragedia ambiental en el Golfo de México.

En cambio, los machuchones (así les llamaba su cultísimo líder que ahora habita La Chingada, donde gruñe de vez en vez) de Pemex, Semarnat, Profepa y bichos de acompañamiento van por ahí como Johnny Walker, convertidos en acusadores cuando debieran ser acusados.

No, no hay cambio alguno. Este presente es igual al pasado que tanto odian y quizá un poco peor por el actual ingrediente de desvergüenza e impudor político. Lo digo porque los he visto a todos a lo largo de décadas. “Me sé todos los cuentos”, escribió el gran poeta español León Felipe.

UN POCO MÁS Y A LO MEJOR NOS COMPRENDEMOS LUEGO

1.- Dice la presidenta Claudia Sheinbaum que la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, renunció para ir a “ayudar a Morena”. Juró que mi primera lectura de la frase fue que iría a “desayunarse a Morena”. Y eso que ando estrenando lentes.

2.- Hace muchos años, el procurador de Justicia del estado, Jesús Antonio Sam López, mandó destruir el pavimento de la calle, toda una cuadra, frente a su casa. Supongo que se previno de que no pasaran en moto a toda velocidad rafagueando su casa los malandros. No era mala idea, salvo que la padecían sus vecinos y los contribuyentes que acudían enfrente al estacionamiento del SAT.

Esa misma táctica ha adoptado el alcalde de Colima, Riult Rivera Gutiérrez, pero en toda la ciudad. Las calles están llenas de baches, algunos son hondos barrancos y zanjones, tal vez con la idea de que los bandidos no se desplacen a altas velocidades. Con eso y todo, algo está fallando en la capital, ciudad asaz violenta e insegura.

3.- ¡Qué ciudad tan riesgosa es Colima para los peatones! La planeación de la circulación -señales, tiempos de semáforos, nomenclaturas, sentido de la circulación, límites de velocidad y vigilancia que haga respetarlos- está al servicio del automóvil, no del peatón. Cruzar a pie, por ejemplo, Sevilla del Río es un albur, una ruleta rusa para los viandantes. Y encima, abundan sin control los conductores brutos y prepotentes a quienes nadie sanciona.

4.- Las conté una y otra vez en la fotografía de dron. Eran 68 y no 70 las patrullas que ayer entregó la gobernadora Indira Vizcaíno Silva. ¿Y las otras 2 no las entregó el proveedor, llegaron tarde, se estacionaron en lugar prohibido y se las llevó la grúa? ¿Se poncharon en el camino? ¿Los choferes se equivocaron de lugar? ¿O será que me siguen fallando los lentes?