Teoría del laberinto

Armando Martínez Orozco

A quien forjó el laberinto, se la ha expulsado de casa. No por

conocerle autor de valías inermes, sino por

su causa de mejor conocerse donde no existe ninguna salida.

A quien forjó el laberinto, se le ha expulsado de casa. Y no sabe

donde cargarse su hombro si a derecha o a izquierda

y solo lo sostiene una pluma de oro sobre la tierra.

A quien forjó el laberinto, se le ha expulsado de casa. Y corre

por su pan por un poco de leche y la unta de mantequilla

y mama como un recién nacido del seno de la madre acuclillada.

A quien forjó el laberinto, se le ha expulsado de casa. Y debe

hacerse de su propia morada donde no urdan los fantasmas

ni parezca el cielo prometido un caudal de mentiras cuneiformes.

A quien forjó el laberinto, se le ha expulsado de casa. Y camina

sobre sus piernas temblorosas como otro de los truhanes

que tanto empañan la buena ventura del hombre honrado, un pie.