Armando Martínez de la Rosa

¿Torpes o hipócritas?

La manada legislativa de Morena y aliados ha embestido a la gobernadora de Chihuahua para fincarle un juicio político por “traición a la patria”.

Alega el rebaño que Maru Campos permitió el ingreso a territorio nacional de dos agentes de la CIA que murieron en un accidente, luego de participar en el desmantelamiento de un narcolaboratorio de fentanilo.

¿Torpes o hipócritas? Torpes porque el juicio político contra un gobernante estatal es atribución del Congreso local, no del federal. Hipócritas porque acusan a una gobernadora de permitir el ingreso de agentes de la CIA cuando el control del acceso al país es deber del gobierno federal.

Torpes, porque si no es por el accidente y la muerte de los agentes, ni cuenta se dan. ¿O si sabían y ahora le juegan al pend…iente para ocultar que ellos los autorizaron o que se les están metiendo hasta la cocina? Hipócritas porque ellos autorizan tropas a ingresar con el camuflaje de “entrenamientos”.

Torpes, digo, porque cuando el hato legislativo -entre ellos muchos bandidos y financiados por el narco en campañas- acusa a Maru Campos, se les abre la tierra cuando CNN y The New York Times revelan que agentes de la CIA participaron en el asesinato del narcotraficante el Payín y un acompañante, miembros del Cártel de Sinaloa, cuando le reventaron una camioneta con explosivos en un operativo al más legendario estilo de la CIA y el Mossad. Hipócritas porque acusan a otros de lo que ellos mismos hacen.

¿Y de que se trata tanto mugido de la manada? De que la opinión pública nacional, la ciudadanía, la población o como usted quiera llamarle a la gente, ponga más atención en los petardos morenistas y no en la protección que esos mismos morenantes, morenarios y morenarcos dan sin el menor pudor al narcogobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, para evitar que hable en el recinto coral de las cortes estadounidenses acerca de lo mucho que sabe sobre financiamiento de campañas electorales de su partido.

Torpes e hipócritas son, según necesiten una u otra máscara.

MAR DE FONDO

** ¿Quiere usted enterarse de verdad de qué tan deficiente es el servicio de alumbrado público de la capital? Dese una vuelta por calles y avenidas de la ciudad, donde faltan lámparas, otras “parpadean” a punto de fundirse, unas más están tapadas por el follaje de árboles, de modo que se desperdicia la luz pero se paga a la CFE, y no pocas, están simplemente fundidas, apagadas. Un ejemplo, la calle que va del Centro de Seguridad del IMSS a la glorieta del Charro. Muy transitada, con una clínica a la que llegan cientos y cientos de personas todos los días, a la que acuden trabajadores de obras en sitios adyacentes, por donde pasan miles de vehículos al día, la iluminación artificial es más que deficiente, el pavimento está asaz deteriorado, con grandes baches, y el camellón con los machuelos destruidos.

Ah, pero el alcalde Riult Rivera anda de desvelado presumiendo que reparó alumbrados aquí y allá. Y así pretende ser candidato a gobernador.

** Los operativos para retirar de circulación a las motocicletas de escape ruidoso, que son muchas, fueron flor de un día. Hoy abundan tales vehículos ruidosísimos ante la indiferencia de los agentes de Tránsito, las patrullas municipales y hasta los de bicicleta, que esos se dedican a molestar a los conductores en el centro de la ciudad y se hacen patos ante los que generan caos vial.

A ver cuándo se decide el ayuntamiento de Colima a actuar contra los motociclistas ruidosos.

** Todos los días, todos, a toda hora, el tránsito se lentifica en la autopista en un tramo aquí y otro allá por los desordenados trabajos de ampliación. Llegar de Colima al crucero de Tecomán se lleva unas dos horas, y hasta Manzanillo, tres hasta casi cuatro. Y así, no hay nadie, absolutamente nadie, ninguna autoridad que agilice el tránsito. Los automovilistas se las arreglan como pueden, mientras observan la lentitud artesanal con que se lleva a cabo la obra, con obreros con pala y escoba, otros platicando en corrillos y otros en la maquinaria también lentísima. ¿A qué contratista le dieron la obra?