Armando Martínez de la Rosa
De Badiraguato vengo…
29 de marzo de 2020, 30 de julio de 2021, 27 de mayo de 2022, 29 de octubre de 2022, 14 de noviembre de 2023 son las 6 fechas en que siendo presidente de la república Andrés Manuel López Obrador visitó Badiraguato, Sinaloa.
El municipio de Badiraguato tiene 26 mil 542 habitantes, 3 mil 725 su cabecera del mismo nombre.
Colima tiene unos 800 mil habitantes, aporta el 30 por ciento del mineral de hierro a la industria siderúrgica, es el principal exportador de papaya, primer productor mundial de limón, posee el más importante puerto marítimo del país, funciona aquí la aduana marítima de Manzanillo que ocupa el segundo lugar nacional en recaudación de impuestos, su planta termoeléctrica surte un tercio de electricidad al occidente de México, es uno de los principales productores de atún enlatado para exportación, produce 160 mil toneladas anuales de azúcar, la Universidad de Colima pese a serlo de un estado pequeño acumula prestigio nacional e internacional creciente, con un ingreso per cápita de 203 mil pesos anuales, Colima ocupa el decimotercer lugar, por encima de más de la mitad de entidades federativas y arriba de la media nacional.
En su sexenio, López visitó 6 veces Badiraguato y 10 veces Colima, una de ellas para repartir becas y otra para asegurar que el puerto de Manzanillo quedaría blindado contra el narcotráfico. Ya sabemos lo que ocurrió y conocemos hasta los asesinatos de funcionarios federales de aduanas y de justicia en Manzanillo por el huachicol.
Badiraguato posee ganadería en pequeña escala, agricultura de temporal, riqueza forestal sin explotar. Es uno de los municipios de Sinaloa con mayor extensión territorial. Su economía está en el lugar 17 de los 18 municipios sinaloenses. Incomparable con Colima, pero tuvo el 60 por ciento de visitas presidenciales en relación con las habidas en Colima.
Es o fue, en cambio, la capital mundial del narcotráfico, no porque de ahí salieran toneladas de drogas que inundan a Estados Unidos, México, Europa y Asia, sino porque los líderes del Cártel de Sinaloa que sí las exporta son originarios de ese municipio.
Hasta allá fue López a dar abrazos, a reverenciar a la mamá del Chapo Guzmán y a demostrar su cariño por esa tierra y sus más destacados habitantes. Era el tiempo en que López “creyó que el mar era el cielo, que la noche la mañana” [Alberti scripsit] y que su poder era inobjetable e indestructible.
Ese concepto de política -el de recibir financiamiento del dinero más ensangrentado, de personajes que no sólo matan a sus adversarios y hasta eventualmente a sus socios, sino porque también sus drogas han matado a millones de personas y devastado a millones de familias- se extendió a sus seguidores. Rocha Moya, Américo Villarreal, el Andy y sus amigos y carnales, y una larguísima lista más gobernadores, funcionarios, militares y policías entendieron que crimen organizado y política eran ingredientes de un mismo platillo. Si el jefe lo hace…
Por eso, a Rocha Moya se le hizo fácil deshacerse de Héctor Melesio Cuen, su rival político, e inventar un supuesto asesinato en una gasolinera cuando el exrector de la Universidad de Sinaloa llevaba muchas horas de muerto; de en los hechos reconocer la autoridad del Mayo Zambada para intermediar encontronazos políticos y ser traicionado luego para entregarlo; de usar sicarios de sus aliados para ganar elecciones. Por eso también a Américo Villarreal le pareció natural tomar dineros ensangrentados y repartirlos en medio país a candidatos de Morena para comprar votos.
Por eso mismo, tantos políticos del obradorismo, como la gobernadora de Baja California, hoy hacen fila para cantar ante la justicia de Estados Unidos, informar todo lo que saben para salvarse ellos. Son muchos los casos en el norte, en el sur, por todo el territorio nacional. Y los que les siguen.
¿Entienden ahora por qué los llaman narcogobierno y narcopartido?
