** Coordinan el proyecto Leticia Velázquez, alumna de maestría, y el Dr. Pedro Flores, ambos de la Universidad de Colima.
Mediante el estudio multidisciplinario “Intervención en Mujeres con SOMP”, la estudiante de la maestría en Nutrición Clínica de la Facultad de Medicina, Leticia Velázquez Berrueta, y el Dr. Pedro Flores Moreno, de la Facultad de Ciencias de la Educación, ambos de la Universidad de Colima, buscan crear una estrategia para hacer frente al Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), una condición que afecta, de acuerdo con la Secretaría de Salud federal, a una de cada cinco mujeres.
Este padecimiento es un trastorno hormonal que puede manifestarse mediante acné, ausencia de menstruación, crecimiento excesivo de vello en zonas poco habituales -como el rostro o la espalda- y resistencia a la insulina. Aunque, una vez diagnosticado, su tratamiento suele incluir medicamentos, terapias hormonales como los anticonceptivos y cambios en el estilo de vida, esta investigación busca determinar en qué medida la alimentación y el ejercicio pueden convertirse en componentes centrales para el manejo de esta condición.
Un estudio previo, de Pedro Flores en coordinación con la Facultad de Ciencias Químicas, mostró que el ejercicio por sí solo produjo resultados favorables en las pacientes, tanto en la composición corporal como en la disminución de grasa y de los niveles de insulina. A partir de esos hallazgos, la nueva etapa de la investigación incorporará también la dieta DASH para evaluar sus efectos en el manejo de esta condición.
De acuerdo con Leticia Velázquez, trabajarán durante ocho semanas con 18 mujeres de entre 18 y 30 años, con SOMP previamente diagnosticado por un especialista en endocrinología o ginecología. A cada participante se le asignará una dieta tipo DASH (baja en sodio y rica en frutas, verduras, granos integrales, lácteos bajos en grasa y proteínas magras) combinada con un programa de ejercicio físico personalizado.
La estudiante de Nutrición Clínica explicó que debido a que el SOMP es un trastorno con componentes hormonales y metabólicos la dieta DASH podría contribuir al control de la resistencia a la insulina y, al mismo tiempo, favorecer la salud cardiovascular. Este patrón de alimentación se caracteriza por un mayor aporte de nutrientes como potasio, magnesio y fibra, además de una reducción en el consumo de sodio.
Velázquez señaló que el plan dará prioridad a alimentos como guayaba, melón y plátano; granos y leguminosas como arroz, frijol y garbanzo, así como carnes magras, mientras que limitará productos ultraprocesados y alimentos con alto contenido de sal.
Aunque actualmente también se recomienda con frecuencia la dieta mediterránea por sus posibles beneficios antiinflamatorios, explicó, en este estudio se eligió la dieta DASH por su énfasis en el control del sodio y en el aporte de micronutrientes relacionados con la protección cardiovascular.
Este aspecto resulta relevante, añadió, porque este Síndrome también se asocia con factores de riesgo cardiovascular. Por ello, dijo, las recomendaciones más recientes consideran necesario atender no sólo la resistencia a la insulina y otros componentes metabólicos, sino también la salud cardiovascular de las pacientes.
Como parte del acompañamiento para facilitar la adopción de este patrón alimenticio, las participantes recibirán recomendaciones sobre técnicas de preparación de alimentos que les permitan reducir el uso de sal. Entre ellas, se promoverá el empleo de especias y condimentos como paprika, hierbas finas y jengibre para aportar sabor sin aumentar el consumo de sodio.
El método HIIT
Aunque no hay un estudio que especifique qué tipo de actividad deben tener las mujeres con este síndrome, un estudio previo encabezado por Pedro Flores arrojó que el ejercicio High Interval Intensity Training (HIIT), genera un impacto positivo en las personas. Reportó, además, la reducción de la resistencia a la insulina. Es un ejercicio similar al que se le sugiere a los pacientes con diabetes tipo 2.
El HIIT, explicó el investigador universitario, consiste en “hacer ejercicio de manera vigorosa; después viene un intervalo de descanso, y lo volvemos a subir otra vez”. Lo importante de este estudio, dijo, es que las rutinas se ejecutan de manera individualizada, de acuerdo a la aptitud física y el estado funcional de la persona.
Antes de asignar la rutina de ejercicio, explicó, se evaluará la condición física de cada participante mediante indicadores como capacidad respiratoria, fuerza y resistencia muscular, así como fuerza de prensión manual. Estos datos permitirán establecer un programa de ejercicio acorde con las capacidades iniciales de cada mujer y ajustar progresivamente su intensidad durante el periodo de intervención.
A lo largo del estudio también darán seguimiento a indicadores relacionados con la resistencia a la insulina, la composición corporal y el riesgo cardiometabólico. Entre ellos, analizarán medidas antropométricas y concentraciones de lípidos en sangre, como colesterol HDL, LDL y VLDL, además de triglicéridos, con el propósito de identificar posibles cambios metabólicos y cardiovasculares asociados a la combinación de dieta y ejercicio.
Pueden participar mujeres de entre 18 y 30 años con Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino previamente diagnosticado, que no estén bajo tratamiento con medicamentos o anticonceptivos. En caso de utilizarlos, deberán consultar previamente con su médico. Asimismo, las participantes no deben contar con diagnóstico de hipotiroidismo. El registro estará abierto del 14 al 24 de agosto, a través de los correos pedrojulian_flores@ucol.mx o leticia_velazquez@ucol.mx.
En este proyecto participa un equipo interdisciplinario integrado por Adriana Andrade Sánchez y Lenin Barajas Pineda, del Cuerpo Académico 101 Cultura Física de la Facultad de Ciencias de la Educación; Carlos Eduardo Barajas, de la Facultad de Ciencias Químicas, y Fabián Rojas Larios, de la Facultad de Medicina.
