Manuel Agustín Trujillo Gutiérrez
A propósito de la publicación que denuncia el deterioro del mural del Auditorio Miguel de la Madrid Hurtado, el tema no es tan sencillo como restaurar o repintar y ya, por lo que vale la pena precisar lo siguiente:
Contexto: en mayo de 2019, durante la padecida administración de Leoncio Morán, el Ayuntamiento de Colima remodeló el Auditorio Miguel de la Madrid Hurtado. Esto con la intención de utilizar el inmueble como foro durante el Festival Internacional del Volcán de 2019.
En el proceso, le encargó a la artista Hazel Covarrubias el mural de la fachada; dicha obra se inauguró el 16 de mayo de 2019. En diversas entrevistas Hazel declaró que el mural estaba inspirado en la flora y fauna de Colima, los volcanes, los ríos de lava y los colores que se identifican con el estado.
La obra de Hazel generó gran controversia, no solo entre la población, sino con otras autoridades, como es el caso del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), el cual consideraba que el inmueble está sujeto a protección patrimonial y cuestionó que se hubiera intervenido su fachada sin autorización.
El Ayuntamiento de Colima sí solicitó autorización al INAH para los trabajos en el Auditorio Miguel de la Madrid Hurtado; empero, éste únicamente autorizó la intervención y reparación del piso y la pintura al interior del inmueble, pero rechazó la pintura de la fachada.
Es importante aclarar que el Ayuntamiento comenzó la intervención antes de que el INAH emitiera su resolución definitiva. Cuando la resolución llegó, el mural ya estaba terminado. Ante esto, el INAH ordenó al Ayuntamiento de Colima que retirara o repintara el mural en un plazo máximo de 10 días.
Como es evidente, el mural no fue retirado a pesar de la petición de la autoridad, debido a que Leoncio Morán consideraba que no se había violado ninguna norma, argumentando que el edificio no estaba formalmente catalogado como monumento histórico en los términos que invocó el INAH. Lo cual es completamente falso.
En medio de la controversia, el historiador Noe Guerra publicó que el edificio sí aparece en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles con la clave 060020010341 como el antiguo Mercado de la Madrid.
Sin embargo, aunque en su momento el Ayuntamiento presentó argumentos jurídicos para sostener que esa intervención era de competencia municipal, lo cual es parcialmente cierto, la realidad es que no es tan sencillo como se planteó.
En 2012 el Ayuntamiento de Colima, el INAH y otros entes desarrollaron el Catálogo de Imagen Urbana del Centro Histórico de Colima, este derivado del Reglamento de Imagen Urbana aprobado ese mismo año.
Por desconocimiento o por dolo, la administración de Leoncio Morán violó el reglamento municipal, en específico, el artículo 32, fracción I, inciso j, que restringe expresamente “pintar las fachadas con colores ajenos a la gama que establezca el Catálogo de Imagen Urbana del Centro Histórico”.
Y no solo eso, sino también el artículo 36, fracción VIII, donde se establece el criterio de la aplicación de colores y dice que el muro debe llevar un color en un tono intermedio, que los elementos ornamentales (basamento, pilastras, entablamento, cornisas, enmarcamientos, etc.) deben utilizar un color claro o, en su caso, oscuro, generando contraste con el fondo.
No se necesita ser un experto en colorimetría para darse cuenta de que el mural de 2019 incumple con lo establecido por el reglamento, y que los únicos colores autorizados son el gris, rojo óxido, amarillo ocre, naranja terracota, verde olivo, café tierra, azul añil, blanco antiguo y negro, aunque este último solo para herrería. Y por irónico que parezca, esos parecen ser los únicos colores ausentes en el mural.
Esto no pasó desapercibido ante el INAH y el entonces Delegado, Julio Ignacio Martínez de la Rosa, declaró que el Instituto estaba en desacuerdo con la permanencia del decorado multicolor en esos términos. Cabe aclarar que lo cuestionado no fue el contenido artístico sino la paleta de colores.
El INAH dio 10 días hábiles al Ayuntamiento de Colima para retirar el mural, presentar una nueva propuesta para la fachada y ajustar la intervención a los criterios correspondientes. Ante esto, Leoncio Morán respondió públicamente que, sobre su cadáver lo iban a borrar.
El 17 de mayo de ese año, Morán Sánchez reconoció que el Ayuntamiento no había esperado la resolución del INAH bajo el argumento simplón de que el inmueble necesitaba ser recuperado y el Festival Internacional del Volcán comenzaba ese mismo día.
Teniendo en cuenta el contexto, con el paso de los años una de las preocupaciones primigenias, como lo era que dicho mural contribuiría con el deterioro de la fachada del inmueble, están ocurriendo. El tratamiento que se le dio al muro antes de pintar el mural no fue el adecuado y hoy estamos padeciendo las consecuencias.
La necesidad de restaurar no solo la obra sino la fachada del auditorio es un tema que conocemos desde el inicio de la administración; sin embargo, solo existen tres caminos posibles y cualquiera de estos contrapone derechos y obligaciones, sociales, institucionales y del artista.
Por un lado, se puede acatar la resolución del INAH de hace 7 años y repintar con los colores autorizados, pero esto implica un daño irreversible a la obra de Hazel y un daño patrimonial moral que pudiera tener consecuencias legales.
Por otro lado, se puede buscar restaurar la obra, pero debe solicitarse la autorización del INAH que, bajo los antecedentes antes descritos, es muy probable que se nos pida restaurar la fachada original con los colores autorizados por el reglamento. Por lo que la restauración tendría que hacerse como se hizo el mural en su origen, de manera clandestina e ilegal, lo cual no empata con los valores de nuestra administración.
Y la tercera opción: un proyecto de un nuevo mural con la colorimetría autorizada por el INAH, el cual sí cumpla con los procesos de preparación de la fachada, los reglamentos y regulaciones, así como las opiniones y autorizaciones del INAH y otras instituciones competentes. Pero esto implicaría también la desaparición del mural que actualmente viste al auditorio. Lo que nos regresa al punto número uno.
Lamentablemente, las decisiones impulsivas, caprichosas e ilegales de una autoridad, aunque en su momento puedan parecer inofensivas, con el tiempo demuestran que las consecuencias pueden ser un daño al patrimonio histórico del municipio que pudo haberse evitado.
Hoy un capricho para adornar un festival nos tiene sumergidos en una complicada situación legal que limita nuestro margen de acción. No me queda más que enviar un prudente consejo a los tomadores de decisiones: respeten la ley, que por algo es ley. Si hace 7 años lo hubieran hecho, tengan por seguro que el auditorio estaría debidamente restaurado. Aun así, mañana me reuniré con la Delegada del INAH para explorar opciones, porque la inacción tampoco es opción.
[Tomado del muro de Facebook del autor. El título fue puesto por Criterios Digital por razones periodísticas.]
