** Los bandidos son más violentos y no hurtan obras de arte, detecta Europol.
En 1911, la Mona Lisa fue robada del Museo del Louvre, de París. La obra de Leonardo da Vinci no era famosa en ese tiempo y pese a ello mucha gente por morbo fue a ver el nicho vacío.
El ladrón, un extrabajador del museo llamado Vincenzo Peruggia, fue apresado dos años y 111 días después del robo, cuando intentaba venderla al director de la Galleria degli Uffizi. Peruggia fue condenado a un año y 15 días de cárcel y luego l redujeron la sentencia a la mitad.
Pero la moda del robo a museos en Europa es otra. De acuerdo con la Europol, ese tipo de robos son sustituidos por los perpetrados por bandidos más violentos que prefieren joyas, oro y antigüedades porque es más fácil venderlas en el mercado ilegal.
Europol ha registrado en años recientes interés creciente en metales y piedras preciosas, pepitas y monedas de oro, objetos ornamentales y joyas.

[Foto Armando Martínez de la Rosa. Corona y báculo en el Palacio Real de Madrid.]
La corporación policíaca europea refiere el asalto en 2024 al Museo Cognacq-Jay de París. 4 encapuchados armados con bates de béisbol y hachas irrumpieron en el edificio y huyeron en motocicletas con 7 objetos decorados con oro y diamantes.
Una explosión en enero de 2025 permitió que bandidos asaltaran el Museo Drents de Assen, en Holanda, para llevarse varias piezas arqueológicas del antiguo reino de Dacia, Rumanía, entre ellas el casco de oro de Cotofenesti, de unos 2 mil 500 años de antigüedad, y tres brazaletes de oro.
El casco y 2 brazaletes fueron recuperados y devueltos a Rumanía, un desenlace poco habitual, pues están fabricados con metales preciosos, y una vez robados suelen ser destruidos para borrar su procedencia y para ser vendidos con más facilidad.
Además, para los delincuentes, estos objetos pueden resultar visibles y accesibles en un museo, cuya seguridad se percibe como menos estricta que la de una joyería.
[Foto Armando Martínez de la Rosa. Museo del Prado de Madrid.]
