Armando Martínez de la Rosa

La voz prestada de Sheinbaum

Las vueltas que da la política, maromas de las anécdotas de la historia. Claudia Sheinbaum le tomó prestada la voz al asesino de Tlatelolco en 1968, el expresidente Luis Echeverría.

Allá por 1970 y tantos, Echeverría fue temerario al acudir a la UNAM a, según él, inaugurar el semestre escolar. Bonita jornada. Lo corrimos con una manifestación de miles de estudiantes, no acarreados, el estado mayor nos recibió a balazos y nosotros lanzamos piedras, una de las cuales descalabró al presidente asesino, no había más.

Enojado, cuando vio caerse la farsa, Echeverría nos llamó “jóvenes fascistas”, “jóvenes manipulados por la CIA” y otras pendejadas más.

En esa misma universidad, Claudia Sheinbaum montó años después con otros una huelga sin respaldo estudiantil que dejó sin año escolar a cientos de miles. Ahí fincó su carrera política cuya táctica es la sumisión ante quien tenga más poder y la pueda elevar.

Ayer, esa radical de la lengua, tuvo protestas en sus actos en que sólo se admiten elogios y autoelogios. A quienes protestaron los llamó “infiltrados de la oposición” -como si ser de oposición fuese punible-, “seguramente son del PRIAN”, supuso, porque sólo supuso, no probó, como procede con frecuencia.

La que fue activista “radical” -en la versión suya de radicalidad-, defensora de derechos y otras marrullerías discursivas, ahora condena y desaparece con la lengua a los ciudadanos que no la alaban: “Hagan de cuenta que no están”, les dijo a los que sí estaban con ella incondicionalmente en el mitin, para acudir al cual cada uno tendrá sus razones.

A la otrora “radical” le brotó del fondo del alma iracunda y de la frustración de ver “manchado” su mitin, la sentencia “hagan de cuenta que no están”.

El lenguaje, el tono, la esencia es la misma: Echeverría el autoritario, el asesino, el sátrapa, volvió del más allá político a hablar con la voz de Sheinbaum, la “radical” transformadora. Ajá.

¡Cómo se parecen los de ahora a los de entonces!