Armando Martínez de la Rosa

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1.- Bajábamos de Assisi, el pueblo de San Francisco de Asís, por un camino pavimentado, bien conservado, sin un solo bache, limpio y llenos de árboles sus márgenes. El camión, también pulcro, se detuvo unos momentos en una parada para que subiesen pasajeros que, como nosotros, se dirigían a la estación de trenes.

Todos los días, todo el año, llegan turistas a este bellísimo pueblo medieval de calles y callejones estrechos, empinados, con frecuentes curvas y construcciones de piedra. En 2025, Assisi recibió un millón 700 mil turistas que pernoctaron, y casi 5 millones si se consideran a excursionistas y otro tipo de visitantes de todo el mundo.

Muchísimas personas más llegarán en 2026, cuando se cumplen 800 años de la muerte del santo de este pueblo que se sostiene sobre todo del turismo religioso. Hasta quien no sea creyente puede ir y disfrutar de Assisi.

(Foto de Armando Martínez de la Rosa. Una calle medieval de Assisi.)

Va un mundo de gente al pueblo de uno de los más venerados santos del catolicismo. Hay movimiento, por consecuencia, ruido -el normal, nada excesivo-, autos, camiones, personas caminando, trabajando, recorriendo calles y caminos.

Todo esto lo cuento porque unos metros adelante de donde se detuvo el autobús a que lo abordaran personas que iban a la estación de trenes, había una señal de tráfico que indicaba cruce de venados. Sí, cruce de venados. Y debe de haber muchos, infiero, si se merecieron avisos en la carretera.

Italia tiene por tradición milenaria una cultura de la caza y desde el siglo 16 hay registros de fabricación de armas de fuego. La administración de la cinegética y -esto lo digo yo- el terreno abrupto del país ayudan a tener buenas poblaciones de vida silvestre, que además es bien aprovechada. Un ejemplo: en una tienda de jamones de Assisi, había disecadas 2 cabezas de jabalí europeo, de tremendos colmillos.

2.- No era la primera vez que veía señales anunciando cruces de venados. El año pasado las observé en carreteras de España y Portugal, donde también la caza es bien administrada y mejor aprovechada. Ambos países tienen una larga tradición de fabricación de armas de fuego, sobre todo deportivas.

Hace tiempo, encontré un taller en Sevilla, y unas semanas atrás di por casualidad con una fábrica artesanal de armas de fuego deportivas en Tavira, Portugal, en la costa del Atlántico.

Los negocios de elaboración de armas de fuego son redituables y bien regulados por el Estado, sin obstáculos tontos ni temores políticos.

3.- La primera vez que vi una señal en carretera indicando cruce de venados fue hace casi 40 años, en Oregon, Estados Unidos. Había tantos de esos avisos preventivos a lo largo de kilómetros que, supuse, la población de ciervos debía de ser altísima. Lo era y lo es todavía porque, igual que en muchos países europeos, la burocracia política de gobierno es menos torpe que la nuestra y entiende que con libertades se vive mejor que con prohibiciones. Y tampoco aspiran aquellas burocracias a que los demás obedezcan y acepten el mundo como ellas  lo imaginan en sus delirios políticos idiotas.

4.- Espero que un día los mexicanos seamos suficientemente sensatos para elegir gobiernos inteligentes y desechemos los imbéciles y parasitarios. Habrá entonces libertad en vez de coacción en todos los órdenes de la vida, incluyendo la educación, la expresión de las opiniones, la caza, las armas de fuego, las religiones.

Será entonces cuando los prohibidores dejen de molestar gente y de alabar la muerte cuando truncan las gestaciones, alientan la autoaniquilación y matan de hambre a muchos. Espero verlo. Será el nuestro otro país, un gran país, con señales en las carreteras advirtiendo el cruce de venados.