Armando Martínez de la Rosa

Y Riult, ¡fuera!

El alcalde Riult Rivera Gutiérrez ha tirado una oportunidad política que difícilmente le volverá: ganar la gubernatura.

Nadie sino él mismo ha extraviado el camino a Palacio de Gobierno. Han sido sus acciones y omisiones las causantes de una derrota anticipada. El razonamiento es sencillo: si no puede gobernar bien un municipio, menos podría un estado.

Al principio, la suerte estaba de su lado. Congregó fuerzas políticas disímbolas y hasta confrontadas entre sí. El PAN, su partido, pactó una alianza electoral con el PRI. Rivera, por su parte, se adosó a los cantos de sirena del exgobernador Mario Anguiano, pilar destacado de su campaña y distanciado del tricolor al que sigue perteneciendo al menos formalmente.

Otro elemento de la suerte fueron los yerros de Morena en su insistencia de imponer la candidatura de Viridiana Valencia, residente legal de Tecomán que le impidió contender, de modo que el partido oficial recurrió a Azucena López Legorreta, esposa del diputado federal expanista y exemecista, hoy morenista (mañana quién sabe), Leoncio Morán. Tampoco ella pudo. Era una desconocida en Colima; lo sigue siendo.

Con Riult se repitió un hecho más o menos frecuente de la política electoral: buen candidato, mal gobernante. Fue buen contendiente; hoy está derrumbado.

Calculó mal. Al llegar a la sede municipal de la calle Torres Quintero asumió, por su conducta, estar a unos pasos de Palacio de Gobierno. Físicamente, sí; está a unos 300 pasos. En política electoral, sin embargo, los caminos a recorrer suelen ser más largos, los atajos son excepciones y no hay antesalas, por mucho que se diga que existen. Como la paloma del poema de Rafael Alberti “creyó que el mar era el cielo/ que la noche la mañana./ Se equivocaba, se equivocaba”.

Con más voluntad que talento político, intentó congregar bajo su mando las fuerzas políticas que lo llevaron al viejo edificio de Torres Quintero. No pudo, no supo. Fracasó y sobrevinieron las primeras señales del derrumbe: la ruptura con Mario Anguiano, la sospecha de muchos panistas, sobre todo los de cuño antiguo, la inconformidad de los priistas y el desencanto de otros tantos que confiaron en él.

Y lo más importante: se olvidó de gobernar. El oficio lo suplió con propaganda abundante pero mal diseñada, la organización de festivales derrochadores y la deficiente, acaso pésima, administración de los dineros municipales.

Dedicó trabajo y dinero a atender las necesidades urbanísticas de unas pocas colonias y desatendió a cientos de ellas. Hoy, casi dos años después de asumir Riult la presidencia municipal, el alumbrado público es deficiente, la ciudad está cotidianamente sucia, la seguridad pública, por cuanto le corresponde, es mera imagen sin sustento en hechos, el tránsito vehicular es caótico en las horas de mayor circulación y hasta con semáforos deteriorados o fuera de servicio por semanas, la señalización de las vías públicas se sostiene por acciones de alcaldías que le precedieron. Las calles se han llenado de baches, los ríos están sucios y apenas cae una tormenta se desbordan.

Difícilmente se recordará un alcalde tan limitado en la gobernanza como Riult Rivera. Los resultados lo exhiben.

Y ahora, la bomba que no supo manipular le ha estallado en el rostro. Mientras el alcalde se paseaba a caballo en la celebración del Día del Charro, los trabajadores municipales de base, temporales y de confianza esperaban el pago de la quincena que no llegaba. Habría sido correcto que estuviese con los charros presto a cabalgar, pero no sin antes pagar a los empleados que necesitan el dinero que ya devengaron justamente.

¿Se arriesgará una potencial alianza del PRI y el PAN a postularlo a la gubernatura? Tal vez sí, tal vez no. Como cantó Álvaro Carrillo: uno no sabe nunca nada. Pero si lo hace su candidato, esa alianza le haría un gran favor a Morena, le desbrozaría la brecha a repetir en Palacio de Gobierno por mucho que la candidata oficialista, Rosa Bayardo, sea impresentable.

Parafraseando aquel gustoso grito del joven Novela (qepd) en las rifas de pollos en el botanero El 100, podemos decir: ¡Riult, fuera! Excepto si la oposición juega a perder.

¿Y entonces quién? Quizá una candidatura independiente. Tal vez, tal vez. Ya lo cité: uno no sabe nunca nada.