Armando Martínez de la Rosa
Lluvia y caza
Hará unos 15 años, la temporada de caza había comenzado con promesas de muy buena. Se abrió, como es usual, con el levantamiento de veda de la huilota, a mediados de octubre.
Mis compañeros y yo cazamos bien y en abundancia la primera semana. A la siguiente, un ciclón se aproximó mucho al continente y cubrió el territorio de Colima con lluvias torrenciales y vientos violentos. De las grandes parvadas de los primeros días, no quedó ni rastro. Supuse que habían migrado a sitios seguros y que muchas de las palomas habían sucumbido al meteoro. Nunca supe a ciencia cierta el efecto del huracán sobre los bichos. Sólo hubo una certeza: desaparecieron. De aquellas bandas de miles que vimos en lo alto del cielo, arribando la migración, quedaban dos o tres solitarios pájaros sobrevivientes de la catástrofe.
Ahora, cuando la migración de huilota está llegando, temí que sucediera de nuevo un hecho similar. Polo fue sólo una amenaza que no se cumplió. Dicen los científicos que un anticiclón proveniente del sur de Estados Unidos empujó al huracán unos kilómetros mar adentro y lo alejó de nuestro territorio. Para bien o para mal, así sucedió. Ni siquiera lluvias abundantes dejó a su paso en Colima, cuando las esperábamos torrenciales, según anunciaron los pronósticos.
Este año, ha llovido menos del promedio usual. Eso revelan los reportes de la Conagua. Tampoco se trata de una sequía ni mucho menos, pero los indicadores apuntan a que el agua del cielo acumulada en nuestra tierra será menos que otros años. Como fuere, los cultivos saldrán y habrá cosechas, entre ellas las de sorgo y maíz. Eso significa que la temporada de huilota será normal y probablemente muy buena para los cazadores de Colima, si se da el caso de que al impactar Polo en el noroeste del país, impela a las palomas al sur, esto es, por las costas ahora calmadas del occidente.
Hay, sin embargo, otro elemento a considerar. Las previsiones de que se active el fenómeno de El Niño Oscilatorio del Sur. Podría traer lluvias abundantes fuera del temporal, en los meses finales de 2026 y los primeros de 2027. Tendríamos entonces una temporada de caza pasada por agua y eso perjudicaría a los cazadores, pues sólo por lapsos secos -“veranitos”, dicen los ingenieros de caminos- se podría cazar.
Para los venaderos, la abundancia de lluvias extemporáneas dificulta más la ya de por sí difícil caza del ciervo. Habría exceso de vegetación verde, abundancia de pastos y follaje en lo alto de las montañas y poca necesidad de los bichos de bajar a los aguajes a beber. Nada sencillo para los tiradores.
Más que las lluvias, a los cazadores les afecta, como a los toreros, el viento fuerte y los aires que cambian de dirección de un momento a otro sin explicación posible para ellos. He cazado bajo lluvia y obtenido presas suficientes, mas cuando el viento pierde la cordura los morrales y las mochilas regresan vacías. Pero las circunstancias adversas no detienen a los cazadores verdaderos, los apasionados, los persistentes, los irrefrenables. Se las ingenian para salir y cazar. Para ir a una buena caza, hay que ir a todas. Las dificultades adicionales sólo vuelven más atractivo el reto a los discípulos de San Uberto, está en su naturaleza cinegética. Y juro que los verán salir de madrugada, en la tarde, o quedarse varios días en la montaña, en los cazaderos que conocen como su propia historia o en los nuevos que pese a todo explorarán. Está en sus genes de cazadores, que les vienen de sus más antiguos ancestros y se mantienen activos en ellos, los genes de la caza, el impulso natural que llevan consigo.
Y a ver quién es el guapo que se los aplaca.
