Armando Martínez de la Rosa
** Nunca como antes se habían evidenciado los yerros arbitrales y ahora muchos aficionados hablan de preferencias de la FIFA.
De las grandes pifias arbitrales de los tiempos antes del VAR, se recuerda el gol fantasma, el gol que no fue gol porque el balón que rebotó en la cara interna inferior del travesaño y pegó en el pasto, no rebasó completamente la línea de meta –“en toda su circunferencia”-, precisa la regla. El gol que no fue gol y le dio la Copa del Mundo a Inglaterra en 1966, en su país, en el legendario y desaparecido Estadio de Wembley, es inolvidable.
También antes del VAR aunque con más recursos y cámaras de televisión, en 1986, Maradona metió un gol con la mano y lo valieron. Fue precisamente en los cuartos de final de Argentina contra Inglaterra. En un alarde de cinismo, alguien le llamó “la Mano de Dios” para encubrir la trampa, un intento de sacralización del juego sucio, de la marrullería.
Para México, resulta inolvidable el “no era penal” ante Holanda, en el juego de octavos de final del Mundial de Brasil de 2014. Estaban cerca los tiempos extra cuando Arjen Robben fingió un penal. El árbitro compró la farsa y marcó para que los holandeses vencieran 2 a 1 a los mexicanos.
En este Mundial, Egipto ha sido otra víctima de los árbitros y su queja ha resonado. Otras selecciones impugnan esta o aquella decisión arbitral que a la postre resultó determinante. La ya famosa plancha de Messi que ni el réferi ni el VAR vieron. La mano en el área del defensor español contra Bélgica, son otros de muchos casos más en el Mundial de Norteamérica.
UNA MANCHA MÁS AL TIGRE
El padre del atacante noruego Erling Haaland, el exfutbolista Alfie Haaland, se fue directo contra el arbitraje en el partido de cuartos de final que Noruega perdió ante Inglaterra.
Los nórdicos ganaban el juego 1 a 0 cuando el portero Nyland despejó por alto un balón que pegó en el cable de acero que sostiene y en el que se mueve la cámara de tomas aéreas al modo de un dron rústico. La pelota cayó en el paso y la jugada continuó hasta convertirse en el gol británico del empate. Luego los isleños ganarían 2 a 1.
El reglamento es claro. Cuando la pelota pega en un obstáculo ajeno a los que tiene la cancha, la jugada se detiene.
Haaland padre replicó a un periodista que elogió al inglés Jude Bellingham, cuyo primer gol fue reclamado por los nórdicos. Casi para terminar el primer tiempo, un balón despejado por el portero Nyland pegó en el cable de una spider cam del Estadio Miami; de ahí se derivó el gol que significó el 1-1.
“Odegaard comenzaba a controlar el partido. ‘Inglaterra se va a casa’, cantaban los aficionados de Noruega. Bellingham decide que eso no va a pasar. Toma el control, asume la responsabilidad, crea y aprovecha una oportunidad. Qué jugador es. El mejor que he visto en 35 años cubriendo a Inglaterra. 1-1 al descanso”, lanzó en su cuenta de X el comunicador Henry Winter, lo que calentó a Alfie Haaland.
Y replicó Haaland padre: “¿En serio? Salvados por el árbitro. Espero que ganen el Mundial ahora, pero siento que nos robaron hoy”, sostuvo el exjugador del Manchester City.

Tanto es el descontento con los arbitrajes, tanta la tecnología para observar los yerros de los silbantes, tanta la suspicacia de que FIFA y sus árbitros se han complotado que Gianni Infantino, el gerente en turno de los negocios fifianos, le pidió el favor al legendario juez Pierluigi Collina y éste salió pronto a decir que los altos mando de la FIFA no dan órdenes a los réferis. Pero la suspicacia ya está sembrada y crece.
