Armando Martínez de la Rosa
** Sancionan con 11 partidos a jugador del Tepatitlán por empujar a una juez, igual conducta por la que Willer Ditta, del Cruz Azul, quedó impune.
Desde que se retiraron los árbitros sin miedo a los clubes poderosos y a las figuras del futbol, como Bonifacio Núñez Vega, Mario Rubio Vázquez, Edgardo Codesal o Arturo Brizio, el arbitraje mexicano se volvió una farsa de sí mismo.
Hoy son bravos con los equipos financieramente débiles y coyones con los fuertes.
Desde hace más de una década, la escasez de buenos árbitros es más que notable en México. Han surgido pocos. Entre ellos se cuenta uno de los 10 mejores del mundo, según la FIFA, César Arturo Ramos Palazuelos, más valorado en el extranjero que en el país.
Ejemplo de arbitrajes desastrosos es el reciente de Guillermo Pacheco Larios, con gafete de FIFA -que tampoco es por sí mismo garantía de nada-, en el partido Santos contra Pumas de la Fecha 13 del torneo de Apertura de 2026. El silbante marcó penal contra los felinos a los 59 segundos de juego y expulsó al central visitante, Nathan da Silva. Esa decisión determinó el rumbo del partido. Tan mala fue la decisión que días después la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol anuló el castigo de un partido de suspensión a Da Silva, pero el mal ya estaba hecho.
Si de expulsiones se trata, hay que recordar al silbante mexicano Mario Rubio cuando en el Mundial de España 1982 le mostró tarjeta roja a Maradona en el partido de Argentina contra Brasil. El astro argentino estaba en la cumbre de su carrera y se asumía intocable.
O el doblete de Codesal en Italia 1990, cuando echó de la cancha a los argentinos Dezotti y Monzón.
Y las legendarias advertencias de Bonifacio Núñez a los jugadores que intentaban calarlo. Se las cumplía a los reincidentes y los echaba. Era capaz de encararlos y gritarles a las figuras que se asumían intocables.
Hoy son otros tiempos de árbitros blandengues unos y torpes otros, con muy pocas excepciones. En asuntos de jueces, mandan los dueños de equipos poderosos y las víctimas son los competidores financieramente débiles.
Circulaba ayer la noticia de que el futbolista Julio Cruz fue suspendido 11 partidos de los oficiales que dispute su poderosísimo equipo Tepatitlán, de la Liga de Expansión. Cruz empujó a la silbante Lizzet Amairany García Olvera, quien lo expulsó el viernes en el partido ante Cancún FC.
Un mes antes, en la Liga Mx, el central colombiano del Cruz Azul, Willer Ditta, encaró a un árbitro asistente por la anulación de un gol. Ditta se acercó al bandera Jonathan Maximiliano Gómez, le dio un tirón de camisa y luego lo empujó con fuerza.
Pitaba el juego la árbitra mundialista Katia Itzel García, quien no amonestó ni expulsó al jugador cruzazulino en ese momento ni lo incluyó en el reporte arbitral a la liga. Así suele gastárselas el arbitraje mexicano del futbol profesional. Cada vez evidencian preparación asaz deficiente y miedo a los señores del dinero del balompié mexicano.
