Armando Martínez de la Rosa
Disculpe usted, ¿cómo decía?
Disculpe, ¿cómo decía usted? Tal vez no lo escuché bien, quizá sea yo un viejo sordo, condiciones de la edad.
Perdón, ¿podría repetirme lo que usted tantas veces ha dicho a todo pulmón, según recuerdo? Tampoco puedo fiarme mucho de la memoria, ya ve usted cómo a uno se le olvidan las cosas tan sin importancia, los detalles desde dónde dejé las llaves hasta cómo se llama fulanito de tal.
¿O será que lo interpreté mal cuando lo escuchaba creyendo yo que comprendía sus ideas tan claras, firmes y bienintencionadas? Digo, a reserva de equivocarme, que usted parecía tan nacionalista, tan patriota, tan conmovedoramente antimperialista como no había visto a nadie así desde los muy remotos tiempos de mi juventud.
¿O acaso fue mi imaginación o, mejor dicho, mi nostalgia, y escuché o creí escuchar una arenga a inmolarse por la patria y sus emblemas fundamentales?
Disculpe usted tanta pregunta en una época en que prevalecen las afirmaciones y todo mundo tiene una respuesta o hasta dos y tres para cualquier cuestión, desde el cambio climático hasta las guerras del Medio Oriente y el origen de la hepatitis crónica o los males de la industria automotriz. Preguntar en estos días nuestros resulta incómodo para el interrogado, lo sé. Me justifico diciéndole a usted que me educaron para preguntar más que para afirmar, para analizar antes de concluir, para dudar antes que creer. Qué le vamos a hacer.
Usted sabe mejor que yo cuanto sucede en estos días de vorágine. Todo mundo está comunicado y presto a opinar sobre cualquier asunto, lo mismo un pleito de casados que el origen y destino del cometa 3I Atlas. Y mire usted con qué seguridad opinan hombres y mujeres, grandes y chicos, inteligentes y no tanto, en las redes sociales. Se amparan en que todo mundo tiene sacro derecho a opinar. Y es verdad de muchos modos. Pero el tal derecho no significa que tenga razón o que cualquier hijo de vecino esté capacitado para rebuznar en todas las materias.
Por eso mismo, permítame usted preguntarle algo y usted sabrá si me responde. ¿No era usted aquella persona que hasta hace poco celebraba con solemnidad el Día del Maíz? ¿No es usted quien sostenía a toda voz reproches contra los maíces transgénicos? Por cierto, acabo de ver unos elotes cocidos en el zócalo de la Ciudad de México. Maíz cacahuazintle, rechoncha mazorca, rebosantes granos tupidos, lástima de tan poquito crecimiento como la mitad de los elotes promedio de Colima, más o menos.
¿No era usted quien hace poquito lanzaba la rimita -poéticamente bastante malita, permítame decirle- de “sin maíz no hay país”?
Pregunto y repregunto porque de todos aquellos que como usted aseguran que “sin maíz no hay país” y se sienten plenos y satisfechos de celebrar el Día del Maíz o algo parecido, no he visto ninguno poniéndose del lado de los agricultores maiceros que bloquean carreteras pidiendo 7 mil 200 pesos por tonelada del cereal nacional. Era una buena oportunidad para alentar la producción maicera y procurar justicia económica a los productores.
Disculpe usted, pero no los he visto. ¿Será que con la edad la vista se me ha empeorado? Por mucho que los he buscado, no los encontré ahí. ¿Será porque si se plantan en los bloqueos los cortan de la nómina gubernamental? ¿Será que en realidad usted jamás ha sembrado un pinche grano de maíz ni se ha arriesgado en el albur del temporal de lluvias ni en la ruleta de las plagas?
Pueden ser muchas las razones, dígamelas usted. Lo cierto es que ni a usted ni a otros como usted, los de “sin maíz no hay país”, similares y conexos de la república transformada los he visto solidarios con los productores del grano nacional. ¿Pues dónde andan, oiga?
MAR DE FONDO
** Los viejos agricultores contaban que en el surco que da a la brecha, se sembraban 3 granos de maíz para tener disponibles 3 elotes destinados a 3 furtivos sujetos, es decir, a las mermas: “uno pa’l tejón, otro pa’ la ardilla y otro pa’l cabrón que anda por la orilla”.
** ¿A los aprendices de porros de la secundaria Mario Molina, de Manzanillo, también les dieron Colibecas computadoras? ** Tras el asesinato de la exalcaldesa de Cuauhtémoc, Gabriela Mejía, y las turbiedades en las investigaciones ministeriales, ¿se le ocurrirá al PRI de Colima movilizar algo más que la lengua? Por mucho menos que eso, la que fue su oposición y ahora es gobierno, le armaba al tricolor Panchos y sainetes de Dios es Padre. ¿O será que están los dirigentes priistas tan cómodos en sus posiciones esperando un luminoso futuro plurinominal que no quieren mover un dedo? ¿O esperan un milagro?
