Armando Martínez de la Rosa

Panda de hipócritas

A Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano le rendirán homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes. Lo merece. Permítame el lector que para el homenaje póstumo a un aspirante a sátrapa de la actualidad -que todavía se le cuelga a Cárdenas de los pantalones para resarcir su deteriorada imagen-, llegado el momento, sea desde hoy construido el antípoda del Palacio de las Bellas Artes, donde le rindan pleitesía póstuma, el Palacio de las Malas Artes.

Viene a cuento esto porque a la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas ahora todo mundo lo elogia, le encuentra virtudes y lo proclama hacedor de la patria moderna, y algunos más atrevidos lo “acusan” de sentar bases para la construcción de la cuatroté. ¡Válgame, Dios!, ¿por qué quieren culpar a Cárdenas de algo a lo que se opuso abiertamente? Panda de hipócritas que hace poco lo vilipendiaban y ahora pretenden que los salpique un poco de prestigio, que tanto les falta.

El hijo de Lázaro Cárdenas del Río tuvo el acierto de salir del PRI en 1987 y encabezar en una coyuntura electoral la comprensible irritación popular contra un régimen de gobierno desprestigiado y para colmo causante de una crisis económica nacional severa.

Tanto fue el acierto que Cárdenas ganó la elección presidencial de 1988. Con las artimañas del entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, presidente de la Comisión Nacional de Elecciones (o algo similar) inventó la perdurable frase “se cayó el sistema” de cómputo y cuando volvió ya Carlos Salinas de Gortari ganaba l elección. Ahora, Bartlett es un cuatroteísta que hace negocios al amparo del poder. Y es amigazo de López.

Sí, de ese López que se quiso presentar cual producto indirecto del movimiento de Cárdenas, que llegó a detestar el producto torcido de su lucha.

Todos hablan ahora bien de Cárdenas. Unos parecen auténticos y otros son mentirosos corrientes, afligidos de ocasión, que en su momento defenestraron al dirigente al que el sistema le robó la presidencia y la prolongación del sistema en la izquierda le robó su partido y se disfrazó de sus ideas para ser más de lo mismo.

Para los poderosos de hoy, Cárdenas llegó a ser incómodo, igual que lo fue Muñoz Ledo; morigerado el primero, flamígero el segundo. Sabiéndose políticamente inferior, López lo marginó. Tal sombra le hacía el exgobernador de Michoacán que lo oscurecía.

Varias generaciones de mexicanos empujaron desde mediados del siglo pasado la democratización, que se concretó con el triunfo de Vicente Fox en la elección presidencial de 2000. Cárdenas fue factor relevante en la última etapa, especialmente desde que ganó la presidencia en 1988.

Su gran error, a mi juicio, fue resignarse al robo, al asalto en despoblado, a que le arrebataran el triunfo. Quizá le refrenaba la probabilidad de que si encabezaba un movimiento más beligerante habría llevado a México a partirse en la violencia política.

Cárdenas fue producto selecto de una realidad mexicana de entre siglos, cuando la democracia gritaba por abrirse paso. Y lo abrió.

Habrá de recomenzar porque ahora han cancelado la democracia. El mejor reflejo de lo que son, es la gorda Taddei, que no es una pintura sino un mural de la profunda corrupción que los caracteriza.

Porque son como son, ni tantito se parecen a Cárdenas. Si es pasión, que se les borre.

Descanse en paz el ingeniero.

MAR DE FONDO

** A Cuauhtémoc Cárdenas lo entrevisté dos veces. La primera, cuando era subsecretario Forestal y de la Fauna Silvestre en el gobierno de José López Portillo. Vino a Colima a alguna de tantas ceremonias invitado por la gobernadora Griselda Álvarez. Me acerqué a entrevistarlo. El ingeniero era poco conocido. Corría 1979, si recuerdo bien. Le pregunté acerca de su labor en la subsecretaría y luego, de buena fe, por supuesto, de sus aspiraciones a la candidatura del PRI a la gubernatura de Michoacán. Se molestó mucho, de súbito, pero siempre respetuoso. Supuse que creyó que “alguien” me había enviado -a mí, cómo no- a ponerle zancadilla. Ahí terminó el encuentro.

La segunda ocasión fue, creo, en 1994. Venía en campaña por la presidencia, por segunda ocasión. Arnoldo Vizcaíno Rodríguez -activista incansable siempre- me propuso entrevistarlo a bordo del autobús de campaña. Pregunté. Respondió. Se veía cansado. Ya no era el mismo de 1988.

** A Porfirio Muñoz Ledo, el relevante compañero de lucha del ingeniero Cárdenas, también lo molesté sin proponerme tal despropósito. Histriónico como era, estalló contra mí porque reproduje el episodio vergonzante que protagonizó en Nueva York, cuando aún priista era embajador de México en la ONU. No pasó de alzar la voz y bajarse el coraje con un tequila. Personajazo, Muñoz Ledo.

** De aquellos agitados, sanamente agitados tiempos, entrevisté a otro protagonista de primera línea, asaz carismático y echado pa’lante. Era Manuel Clouthier. Presidía entonces la Confederación Patronal de la República Mexicana -la Coparmex-. Personajazo, también. Habría luego de encabezar la legión de los bárbaros del PAN, del que poco más tarde sería su candidato presidencial en 1988. Tras la elección, se unió al reclamo a favor del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas. Clouthier, el Maquío, murió un poquito después en un extraño accidente carretero. Por pura intuición, siempre he creído que lo asesinaron.

Esto se lo conté, por cierto, décadas después, a Tatiana Clouthier, la hija del Maquío, mujer inteligente y auténtica a la que, pienso yo, le ha faltado malicia política.