Armando Martínez Orozco
Él
En esta nueva discusión, veo un próximo ascenso a los cielos.
Como si muy cerca estuviera la finalidad de los tiempos.
Pero no, no lo sé. Es tanto que cuesta admitirlo.
Sobre nosotros, los que sobreviviremos, pesa la historia.
Nuestra tierra, nostra patria, próxima a desvanecerse.
Será de nosotros la tempestad, pero también la calma.
No sabemos qué vendrá, qué sucederá, pero algo sucede.
Es como si solo se debiéramos dedicarnos a servir a los dioses
que son salvos, que son nuestra guía espiritual.
No queremos darnos a especulaciones, a diatribas, a errores
pero sabremos decirnos qué sucede, qué está aconteciendo
quién vendrá en este camino de osadía.
Solo podremos limitarnos a la meditación, a la melancolía
porque hemos perdido el mundo,
sí el pensar desde lo abstracto, desde lo necio qué es el ser humano.
Contemplaremos la calma desde que imaginamos qué vendrá
quién sobrevivirá y cómo es que algunos simplemente no estarán más.
¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿A quién acercarse? ¿A quién respetar? ¿A quién decir?
La hoz nos ha cortado la cabeza, las sienes, la sangre, el pecho
y qué decir más de nuestra propia agonía, que no sabemos qué vendrá.
Pero imaginamos lo posible, lo necesario, lo encomiable, lo amigable.
Esto y la capacidad de hacernos nosotros mismos
la capacidad de que no nos hace mal pensar en la salvación del mundo,
pero la Naturaleza observa, contempla, ríe, se enfurece y hay castigo
de parte de ella misma, que no puede ser dominada, que no puede ser corrompida.
