Armando Martínez de la Rosa
Enseñanzas del futbol
Por unas pocas semanas, la Selección Nacional de Futbol sustentó una tarea imposible de cumplir por el poder político del gobierno nacional con todos sus recursos: congregó a 60 millones de ciudadanos en torno a un mismo objetivo, llegar tan lejos como fuese posible en la Copa del Mundo.
El futbol ha unido lo que dos gobiernos presidenciales han desunido. La selección comenzó a tejer un buen futbol, de ese que por bueno hasta los villamelones captan. Había llegado el equipo nacional entre dudas, desconfianza y desesperanza. Los resultados comenzaron a voltear el juicio popular.
Finalizó en el liderato del Grupo A, con 9 puntos de 9 posibles, 8 goles a favor y cero en contra. Ciertamente, los adversarios están lejos de ser potencias, pero sí eran de mayor nivel que las “discapacidades” -con excepción de Cabo Verde- que le pusieron enfrente a Argentina, y que le seguían acomodando hasta ayer que se les apareció el diablo disfrazado de faraón.
Segunda fase. Vino Ecuador y su estrella en retiro, Enner Valencia, quien dijo que “futbolísticamente, México no existe”. Con dos golazos, el Tri le tapó la boca. Suele pasarles a los habladores.
Llegó Inglaterra, potencia futbolística. México se murió, pero se murió en la raya. Hasta el último segundo, intentó llevar el juego a tiempos extra. No pudo. Pero la tribuna nacional vio, entendió y comprendió. Aplaudió el buen futbol, el esfuerzo, el coraje, el nunca darse por vencido.
Esta es la primera vez que eliminado México, la nación unificada en su entorno le aplaude. 60 millones de telespectadores vieron el partido último. El Tri unificó a México.
El gobierno no sólo no unifica, divide, confronta, porque la escisión y el pleito son consustanciales al alma de la izquierda antidemocrática, intolerante, represora, hipócrita.
