Armando Martínez de la Rosa
Los incondicionales
Antes y hoy, el argumento es el mismo, la exigencia también. Somos lo mejor que le puede suceder al país y, por tanto, ustedes y todos nos deben obediencia incondicional. En consecuencia, toda crítica, toda disidencia, es condenable, borrable, aplastable.
Hay, en el fondo de sus argumentos, la convicción de la perfección ideológica y el total acierto político. Se asumen iluminados, son los ayatolas de occidente. Las cosas están bien porque nosotros gobernamos, dicen en las más diversas versiones de la frase.
Lo creen porque de la fe en su condición de infalibilidad depende el sentido de su política y a veces hasta de su existencia.
Desde ese baluarte, la descalificación es el veneno de la flecha. “Son oposición”, “son prianistas”, “se infiltraron”. Y viene la lápida: “Hagan de cuenta que no están”.
No es cualquier frase. Es el pensamiento dictatorial que revela la intención del silogismo: como somos lo mejor de la historia, es legítimo que instauremos una dictadura para garantizar, per secula seculorum, el bien del pueblo. En consecuencia, en tanto somos garantes del bien del pueblo, es correcto que eliminemos a los críticos, a los disidentes, porque ponen en peligro el bien resguardado. Sus ideas son prescindibles, anulables, liquidables, “hagan de cuenta que no están”.
“Las ideas son más poderosas que las armas. Nosotros no dejamos que nuestros enemigos tengan armas, ¿por qué dejaríamos que tuvieran ideas?”, dijo Stalin mientras mataba a millones de disidentes con grandes ideas o con pequeñas inconformidades. Muchas de sus víctimas fueron sus compañeros.
Y todavía así hay quienes hoy se quejan de la crítica, de la disidencia, de la oposición, como si nunca ellos mismos hubiesen sido oposición perseguida, encarcelada, baleada, asesinada, desaparecida.
Pienso esto frente al fresco La virgen de los peregrinos, obra maestra de Caravaggio, en la basílica de San Agustín, en Roma, en el recinto de la libertad plena que es el arte, sólo para recordarles a los aprendices de sátrapas que la libertad es el bien más preciado de la historia humana. Algunos, muchos creo, nunca seremos incondicionales de nadie, a costa de cualquier consecuencia.
