Esta preciosa guerra
Armando Martínez Orozco
Siente el peso de la tierra, que cae sobre tus hombros
cuando los niños pregunten cuándo será el último día
y tú sólo recuerdas batallas campales en Roma, Namibia liberada
y otros tantos territorios donde tu firme andar se posó,
sobre el tenor de un dulce canto de sirenas
que no conoces, que no dices, sino por la gloria de la guerra.
Es este el momento donde con dulce nostalgia recuerdas,
rememoras a aquellos que dieron la vida por esta preciosa libertad.
Alcanzaste los cielos, alcanzaste la tierra
y viste las almas devorándose en los infiernos para después
y no sin contratiempos servirte un plato de comida en tu propia mesa.
¿No es todo el orbe tu patria?, te preguntas ¿No es tu plato
de comida donde con gracia resucitaste a los muertos de Chérnobil?
Eran ellos ciertamente, unas pobres almas sin rumbo y sin descanso.
Siente el peso de los cielos, que caen sobre tus párpados.
Eres salvo, eres salva, y no hay poder en la Tierra que te corrompa.
Quisiera pensar que estás aquí, junto a mi brazo y que además de todo podemos decir:
«Nosotros hemos vencido».
