Armando Martínez Orozco
Él
No sabe esta patria cómo ha sido pergeñada
sus hálitos de vida retumban en cada parte de la tierra
como si este clamor de las multitudes por su libertad
no fuera sino la dicha de saberse humanos
Son tigres, son perros, son elefantes
su oro, su ladrido, su mármol es parte
de un sinfín de cualidades hechas a su plenitud
No saben sino estarse
en una parte de la muchedumbre
hechos como la par de sus cuantías
Son la luz, la esperanza, la dicha, todo su universo es poesía
y no quieren sino darse al mundo, un pedazo
de su innumerable profanía de saberse dichosos
Son la calma, la tormenta, el ruido de la acabada agonía
Ustedes nunca lo sabrán pero ellos son los grandes de esta epifanía
No sabremos decirles con cuánto esmero los hemos creado
Es la dicha, la conciencia, el temblor de una multitud orgámisca
Y no querrán saberse fuera de esta tierra
Donde inventan el territorio conquistado por una patria llena de sangre
Usted querrá decirme cómo
Entonces vendrán a decirnos que no hemos hecho nada, que lo nuestro son blasfemias
pero no, no es un asunto de blasfemias
es la base de todo aquello
a lo que llaman unicreado.

