Marcela García
Por qué muchos latinos no están con Argentina
Uno de mis memes favoritos del Mundial de la FIFA apareció al inicio del torneo. Dirigido a los latinos en Estados Unidos, establecía una jerarquía estricta para decidir a quién apoyar a medida que distintos países fueran eliminados.
Primero, debes apoyar a tu país de origen — en mi caso, México. Luego, apoyas a cualquier otro país latinoamericano, excepto a Argentina. Después, apoyas a la selección de Estados Unidos. Y por último, cuando ya no hay opciones, apoyas al equipo que juegue contra Argentina.
Y resulta que ese último escenario es exactamente el que nos tocará vivir, pues en la final de la Copa Mundial, a realizarse el domingo, se enfrentarán España y Argentina. ¿Y adivinen a quién le voy? a España, el país que colonizó el mío.
Antes de explicar por qué, un breve resumen: han sido cinco semanas de fútbol electrizante — y mucho más. Un sinnúmero de estadounidenses se convirtieron en fanáticos obsesivos del futbol de la noche a la mañana. Países como Cabo Verde, la República Democrática del Congo y Haití tuvieron su momento histórico en el escenario más importante del fútbol. Todos se enamoraron del estilo del vikingo noruego Erling Haaland y de su impresionante colección de bolsos de lujo (bueno, capaz que sólo fui yo). Se visibilizó el orgullo nacional de las comunidades de inmigrantes en EE. UU. de los países participantes. Y los aficionados escoceses se adueñaron de Boston — y Boston los amó.
Pero a medida que avanzó el campeonato, algo más se hizo evidente: Argentina, cuna del mejor jugador actual, Lionel Messi, emergió como el villano del Mundial. Parte de la culpa la tiene una serie de polémicas arbitrales, sobre todo en el partido de octavos de final contra Egipto y la semifinal contra Inglaterra.
Además, esa narrativa fue alimentada por el comportamiento de algunos aficionados. Por ejemplo, en un incidente que se volvió viral en las redes sociales, unos hinchas argentinos supuestamente gritaron insultos racistas al popular YouTuber afroamericano IShowSpeed durante el partido entre Argentina y Cabo Verde. (La FIFA está investigando el incidente.)
Y luego está la propia FIFA, un organismo internacional que goza de una reputación arraigada de corrupta. A lo largo de la competencia, la organización enfrentó intensas críticas por supuestamente favorecer claramente a Argentina y a Messi. Muchos fanáticos bromeaban diciendo que FIFA en realidad significa “Fixed it For Argentina”, o Arreglado para Argentina.
Todo lo anterior fue como una reivindicación para muchos aficionados latinos del futbol, quienes resienten a Argentina por razones históricas. El país sudamericano ha cultivado durante mucho tiempo un mito nacional de ser el país más europeo de América Latina, más blanco y más sofisticado que el resto. En 2021, el expresidente Alberto Fernández fue acusado de racismo cuando dijo: “los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos”. (Después se disculpó.)
Esa autoimagen no es casualidad. Argentina tuvo en su momento una población negra considerable que se redujo debido al reclutamiento para la guerra, las epidemias y el mestizaje. Al mismo tiempo, en el siglo XIX, las élites políticas fomentaron activamente la inmigración masiva de europeos como parte de un proyecto explícito de construcción nacional para “blanquear” y europeizar a Argentina.
Para ser justos, este rechazo generalizado contra la Albiceleste se siente un poco desproporcionado en el marco del Mundial, dado que el del domingo es, al fin y al cabo, sólo un partido. Además, no se puede responsabilizar a Messi ni a otros jugadores argentinos por decisiones políticas que ocurrieron hace años. Tampoco es Messi culpable de la terrible reputación de la FIFA.
Quizás el odio hacia Argentina también podría explicarse de manera sencilla: el país sudamericano es una potencia mundial del futbol. El futbol está profundamente entretejido en la identidad nacional argentina de una manera muy distintiva; el país vive y respira este deporte. Y no olvidemos que Argentina es la actual campeona mundial, lo que naturalmente la convierte en el equipo a odiar y atacar. Es similar a la manera en que todo el país excepto Nueva Inglaterra odia a los Patriotas.
¿Y España? Bueno, el país también es una potencia futbolística —y se lo demostró al mundo al vencer a Francia, uno de los favoritos, en las semifinales. La Liga española alberga a dos de los clubes más emblemáticos del fútbol mundial: el Real Madrid, donde juegan la superestrella francesa Kylian Mbappé, el brasileño Vinícius Júnior y Jude Bellingham; y el FC Barcelona, donde el propio Messi pasó más de 15 gloriosos años.
En resumen: no hay ningún argumento sentimental a favor de España. Sólo existe la lógica irrefutable del meme. Así que el domingo estaré apoyando al imperio que conquistó a mis antepasados y desmanteló sus civilizaciones.
Aun así, hay que reconocer que Messi sigue siendo el jugador más sublime de su generación, tal vez de cualquier generación. Y si Argentina pierde el domingo, no voy a celebrar su derrota. Más bien voy a celebrar con todos los demás: mexicanos, egipcios, caboverdianos, colombianos y muchos otros.
Y es que creo que ese es el significado real del meme, e incluso del Mundial: es sobre la solidaridad, o de a quién reclamamos instintivamente como nuestro cuando todo el mundo está mirando. (The Boston Globe)
