Armando Martínez de la Rosa

** Le puso, según él, nuevo nombre al Lago Ontario, frontera de Canadá y Estados Unidos.

A la ridícula insensatez de cambiar el nombre del Lago Ontario por el de Lago América, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump añadió otra charlotada de su estilo de comicidad involuntaria: propone cambiarle nombre a uno de los grandes océanos de la Tierra, el Pacífico o el Atlántico, para llamarlo océano América, según él.

De vez en vez, a Trump le dan ataques de comicidad involuntaria, como cuando firmó un decreto para que el Golfo de México se llame Golfo de América. Así lo llaman en la burocracia oficial estadounidense, pero el mundo entero fuera de ahí le sigue llamando Golfo de México, como lo bautizaron los navegantes españoles y los cartógrafos europeos, que antes lo habían llamado Golfo de Florida y Seno (Golfo) Mexicano, en el siglo 16.

El Lago Ontario, el menor de los 5 grandes lagos de Norteamérica, se encuentra en la frontera con Estados Unidos. Le da nombre a la provincia de Ontario, donde se encuentran la ciudad canadiense más grande, Toronto, y la capital del país, Ottawa. La mitad del cuerpo de agua de casi 20 mil kilómetros cuadrados (casi 4 veces la superficie del estado de Colima) pertenece a Canadá y la otra mitad a Estados Unidos.

Su nombre viene del que le impusieron pobladores del territorio hoy canadiense antes de la llegada de los europeos. Según los lingüistas, el vocablo Ontario proviene de las lenguas iroquesa (oniotare o kanadario) y hurona (ontare), cuyo significado es Lago de aguas resplandescientes.

Ese nombre, que además asume la provincia de Ontario, con muchos siglos de vigencia, más de medio milenio, es el que ha cambiado Trump, según él, mediante un decreto que legal y geográficamente sólo es válido para Estados Unidos.

Tras firmar el insensato decreto, Trump reveló que se está planteando -¿será en las noches de insomnio por no poder acabar la guerra de Irán?- cambiar el nombre al océano Atlántico o al Pacífico para llamar a alguno de los dos océano América. “Ahora sólo nos falta un océano. Quizás tengamos que cambiar el nombre del Atlántico o del Pacífico. Quizás cambiemos”, dijo Trump en el mismo acto.

La nueva denominación de Trump se dicta mientras escalan las diferencias arancelarias con Canadá. 

La tensión llegó a su punto más alto el fin de semana, cuando entraron en vigor los nuevos gravámenes de Washington, ante lo que Carney prometió responder “dólar por dólar” con represalias que se aplicarán a partir del 8 de septiembre.