Rogelio Guedea

Estos jóvenes no debieron morir

Por una coincidencia del destino, me tocó ver la pierna destrozada de una joven que fue arrollada por un conductor borracho. La joven no perdió la vida, por fortuna, pero perdió la pierna. Quien perdió la vida fue el joven que conducía la motocicleta, y fue doloroso saberlo porque era amigo de mi propio hijo. La vida se acabó ahí para él.

Motocicletas, conductores ebrios (o no ebrios, pero irresponsables), señalamientos viales que no se respetan, autoridades omisas, sociedad no proclive a la civilidad, selva vial, barbarie total.

Hace poco también, el hijo de una amiga perdió la vida en circunstancias similares, en dicho accidente estuvo involucrado un trailer, allá por el Hospital Universitario. Antes de eso, en el libramiento, otro joven motociclista perdió la vida. Y así, el recuento se hace infinito. ¿Debemos acostumbrarnos a esto? ¿Debemos normalizarlo como se han normalizado los incendios de autos, restaurantes, los crímenes que suceden a diario en todos los puntos de la entidad a la vista de cientos de guardias nacionales, cámaras de vigilancia, policía estatal, los accidentes de la ya conocida carretera de la muerte Colima-Manzanillo?

Es verdad que son inevitables los accidentes de tráfico y la muerte misma, pero aquí estamos hablando de algo que ya se salió de todo control, estamos hablando de mucha, demasiada falta de conciencia en todos los sentidos y de parte de todos, tanto de las autoridades como de la sociedad civil. Sólo en 2025 aumentaron casi el 50 % las muertes por accidente de tránsito en nuestra entidad, ¿no es suficiente como para hacer algo ya?

Piensen otra vez en la joven que perdió la pierna. No vean la pierna destrozada, no, piensen en cómo eso modificará su vida para siempre, su día a día, su movilidad, sus esperanzas incluso, y piensen en sus padres y en lo que esto también afectará sus vidas específicas, sus vidas concretas, sus días detrás de otro.

¿De verdad no vale la pena hacer algo? Las autoridades tienen una gran responsabilidad en todo esto (pues se debería empezar a educar con más fuerza desde la educación básica y además ser más rigurosos en sus estrategias preventivas y punitivas), pero también la sociedad no debe ser indiferente, porque de verdad que la frontera que divide el vivir del morir es tan delgada que nos parece invisible.