Armando Martínez de la Rosa

La basura

He tenido una cierta obsesión por un sitio de acecho al venado. Es un espacio amplio, plano, que contrasta con el cerro abrupto que en esa área es de tránsito muy difícil. Lo forman el tronco y altas raíces ancla de una higuera, a unos veinte metros sobre el nivel donde corre un arroyito cuyas aguas nacen unos 200 metros más arriba.

En dos ocasiones he estado ahí. En la primera, una tormenta repentina me corrió del sitio. Luego comprobé que la lluvia había caído sólo en ese cerro, el valle estaba reseco y quebrado por la ausente humedad. En la segunda, cometí un error simple de consecuencias cinegéticas mayores: era de madrugada cuando un venado grande se regresó cuando detectó mi presencia por una ubicación mía donde no debía estar, recargado en una de las raíces ancla.

Pues ahí, detrás de esa raíz -y eso es lo que ahora me ocupa- observé una gran acumulación de basura. Sí, basura en un sitio al que se llega en horas de caminata, escalar en roca algunos tramos y ascender a un cerro alto y alejado de cualquier zona urbana. Ahí, los cazadores que antes espiraron donde me encontraba dejaron botellas y bolsas de plástico, papeles, envolturas de galletas, restos de comida, cascajo de cartuchos y otros desechos que cazadores tiraron ahí. No es el único lugar donde he visto basurales parecidos.

Cuento esto porque en el Mundial de futbol le han dado mucho vuelo a la noticia de que los japoneses recogen la basura que desechan en los estadios a donde asisten. Aducen que es asunto de honor para ellos. Y contrasta esa conducta suya con la de sociedades como la nuestra, tan dada a generar basura y deshacerse de ella en plena calle, en sitios públicos y en áreas que no son depósitos.

Luego vinieron los sermones de periodistas succionadores. Que somos un pueblo cochino, marrano, irresponsable con los desechos y que nos vale madre tirar basura a diestra y siniestra en vez de depositarla donde se debe. Y que los japoneses, que su cultura, que su honor y otras supuestas o reales características niponas. Si esa es su práctica, está bien.

¿Pero se han puesto a pensar en qué pasaría si de pronto nos inundara una ola nipona que nos hiciera recoger la basura de los estadios?, la que se genera en el Azteca, Olímpico de Ciudad Universitaria, el Jalisco, el Akron, los de Monterrey, el de Aguascalientes, el de San Luis Potosí y muchos otros de la Liga Mx, los de categorías inferiores, que cada semana, cuando hay torneo, en conjunto, suman cientos de miles de espectadores en sus graderías. Y toneladas y más toneladas de basura que modestos trabajadores recogen para ganarse la vida. Esos limpiadores se quedarían sin empleo sólo porque a los mexicanos nos dio por la moda nipona.

Y estos propagandistas de las culturas ajenas omiten un hecho que es factor fundamental en los desechos. Hay que cortar la generación de plásticos y envolturas similares para evitar la generación de basura, no en los estadios sino en la economía toda. Ejemplo de esa hipocresía presuntamente “ambientalista” es Walmart, que eliminó las bolas de plástico para las mercancías que vende en supuesta “protección” del ambiente, mientras sigue expendiendo productos de plástico, con envolturas de plástico y cajas de plástico. Eliminó las bolsas para ahorrar costos por cientos de millones de pesos al año.

Sí, es correcto, no tiremos basura donde no debemos, pero no por modas como la de los japoneses les hemos de quitar el trabajo a muchas personas que se gana limpiando los estadios que otros ensucian. No mmn.