Por Niv Yarimi, presidente y fundador de Grupo Kabat y Kabat One

Hablar de seguridad en México implica enfrentar una realidad compleja y desafiante. En los últimos años, se han invertido millones de pesos en sistemas de vigilancia y monitoreo de última generación, como los Centros de Comando, Control, Cómputo y Comunicaciones (C5), diseñados para centralizar información, coordinar emergencias y responder con rapidez ante cualquier incidente. En teoría, estos sistemas prometen un futuro en el que la tecnología funcione como un aliado del ciudadano: cámaras que vigilan calles, sensores que detectan patrones de riesgo y alertas que llegan en tiempo real a quienes deben actuar.

Sin embargo, el primer gran desafío no es la tecnología en sí, sino quién y cómo la utiliza. Un sistema de alerta puede informar sobre un robo, un incendio o un secuestro en segundos; pero si los policías en el terreno carecen de capacitación adecuada, recursos suficientes o comprensión de los protocolos, la información pierde valor operativo. La brecha entre la sofisticación de la tecnología y la preparación humana limita el impacto de estas herramientas, dejando a la ciudadanía vulnerable.

La falta de formación especializada sigue siendo un obstáculo crítico. Muchos oficiales reciben entrenamiento mínimo en el uso de sistemas tecnológicos, investigación, análisis de información y protocolos de respuesta. La paradoja es evidente: México invierte en inteligencia artificial, reconocimiento facial y sistemas de geolocalización, mientras quienes deben operar estas herramientas carecen del conocimiento necesario para aprovecharlas plenamente. La diferencia entre una alerta detectada y una alerta efectivamente resuelta depende, en última instancia, del nivel de capacitación y preparación de quienes la manejan.

A esto se suma el impacto de la corrupción y la impunidad, factores que minan cualquier esfuerzo tecnológico. Alertas que deberían derivar en detenciones a menudo terminan archivadas o ignoradas, y los ciudadanos pierden confianza en los sistemas disponibles. La seguridad pública no se logra únicamente con cámaras o sensores; requiere instituciones capaces, personal bien entrenado y un entorno ético que respalde la acción efectiva.

En el caso específico de Manzanillo, los datos oficiales también reflejan esta complejidad: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestra que la percepción de inseguridad entre la población adulta en Manzanillo fue de 66.1 % al cierre de 2025, un nivel mayor al promedio nacional (63 %) y que evidencia el sentir ciudadano frente a la violencia y la gestión de las autoridades. Esto subraya que, incluso con tecnología avanzada y presencia institucional, la falta de preparación, coordinación y respuesta humana limita la efectividad de los sistemas de seguridad.

El verdadero desafío es humano e institucional. La tecnología, por más avanzada que sea, solo es útil si quienes la operan cuentan con capacitación continua, protocolos claros y apoyo institucional. Invertir en formación y profesionalización del personal es tan crucial como invertir en sistemas de vigilancia, y constituye la base sobre la que la tecnología puede cumplir su promesa de proteger vidas.

La seguridad se construye combinando cámaras, sensores, personal preparado y ciudadanía informada. Cuando estas piezas se alinean, cada alerta deja de ser un dato aislado y se convierte en una acción concreta que refuerza la protección de la población. México tiene la oportunidad histórica de aprovechar la tecnología de manera estratégica, pero esto solo será posible si se prioriza la capacitación y se fortalece la capacidad de respuesta humana.

El debate central debe centrarse en este propósito: no en la sofisticación de los sistemas ni en los informes oficiales, sino en garantizar que cada herramienta tecnológica sea aprovechada correctamente por personas preparadas. Solo así, la seguridad podrá consolidarse como un derecho tangible y cotidiano para todos.

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Niv Yarimi es el presidente y fundador de Grupo Kabat, una empresa líder en el desarrollo de soluciones tecnológicas avanzadas para la seguridad. Con más de 20 años de experiencia, se ha posicionado como un referente en la industria a nivel nacional e internacional. Su enfoque estratégico y compromiso con la innovación lo han llevado a participar en mesas de seguridad globales y nacionales, colaborando con expertos en tecnología, líderes de opinión y organismos gubernamentales para enfrentar los desafíos actuales en materia de seguridad. Bajo su liderazgo, Kabat One busca expandir su presencia en América Latina, Europa y Asia, desarrollando proyectos emblemáticos que sean reconocidos por su impacto en la reducción de índices delictivos.