Armando Martínez de la Rosa

** Alcaldes, partidos y hasta los payasos de La Petatera emitieron comunicados igual que empresas grandes.

Parecía un domingo como tantos. Mucha gente se preparaba para salir de paseo al mar, al campo, y algunos ya iban en camino. Muchos otros acudían a los tianguis, al supermercado o a misa.

El terremoto, sin embargo, ya gorgoreaba bajo tierra. Desde la madrugada, solados del ejército cercaban la casa de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, en Tapalpa, el pueblo serrano turístico de Jalisco. Lo hirieron, lo capturaron, lo subieron a un avión para llevarlo al hospital y en el vuelo se les murió junto con otros 2 bandidos heridos.

La reacción fue clásica: narcobloqueos, incendios y un montón de muertos que en Jalisco fueron 26. Ninguno en Colima.

Y entonces el terremoto comenzó a sentirse en Colima. Las noticias primeras corrieron. El gobierno alertó a la población. La violencia iba expandiéndose como las ondas del agua cuando se le arroja una piedra. A mediodía ya era fuerte el sacudón y todo mundo comenzó a encerrarse.

De la política vinieron las primeras reacciones.

“El Partido Revolucionario Institucional en Colima expresa su profunda

preocupación ante los recientes acontecimientos de violencia registrados en

diversos estados de la República, incluido Colima, que han elevado de

manera alarmante los niveles de inseguridad y violencia y que hoy

mantienen a miles de familias mexicanas en un estado permanente de

incertidumbre y temor”.

Luego el PAN, que reconoció “a las fuerzas de seguridad pública de los tres órdenes de gobierno por su esfuerzo en salvaguardar la integridad de la población” y llamó

a la población en general a resguardarse en sus viviendas y a procurar no salir de sus casas, así como a mantenerse informados por vías oficiales para evitar se difunda desinformación y especulaciones.

Dijo hacer “propia la consternación, repudio y total rechazo de millones de mexicanas y mexicanos que han sufrido un altercado ya sea en sus pertenencias o persona por esta ola de violencia que se lamentablemente se vive en nuestro estado y gran parte del país.  Nos sumamos a la exigencia social de que el Estado Mexicano cumpla su obligación por ley de garantizar la paz y seguridad de las y los mexicanos a lo largo y ancho del territorio nacional”.

El alcalde de Colima, Riult Rivera Gutiérrez, dijo que “estamos en permanente coordinación con autoridades estatales y federales de seguridad para dar seguimiento a los sucesos y tomar las medidas necesarias para la protección de la sociedad colimense. El Ayuntamiento de Colima refrenda su compromiso con la seguridad, el bienestar y la tranquilidad de todas y todos los habitantes. Cualquier actualización relevante será informada oportunamente por los canales oficiales”.

Por su parte, “el Gobierno Municipal de Comala, en coordinación con las corporaciones estatales y federales, continuará monitoreando la situación e informará oportunamente cualquier actualización”, publicó la entidad.

En términos similares se expresó el gobierno de Tecomán.

La alcaldía de Villa de Álvarez informó la decisión de suspender la última cabalgata de las fiestas del municipio y todas las actividades del festejo.

Hasta los payasos de La Petatera, los Porrillas, emitieron un comunicado explicando que no habría, hasta nuevo aviso, corrida de “despedida del payaso”, una institución imprescindible en las fiestas villalvarenses.

Muchos negocios anunciaron que ayer no trabajarían y otros simplemente cerraron aceptando la realidad de una violencia que ayer amenazó a todos. Las plazas Sendera y Zentralia avisaron del cierre, lo mismo que la cadena de ferreterías Lugo, que abre también los domingos.

Ni en la pandemia hubo reclusión domiciliaria tal como la dominicila. Así pasó Colima, ayer, otro terremoto más. Falta saber si sobreviene el tsunami de los reacomodos del crimen.