Armando Martínez de la Rosa
** Detuvo todo el ataque de España y conservó su puerta en cero. ** Cabo Verde alcanza la hazaña.
De sueño en sueño va Vozinha, el arquero de Cabo Verde, 40 años. Primer sueño, jugar un Mundial; segundo, ser el héroe del partido, como lo fue ayer, no ante cualquier equipo del montón, sino ante España, candidata a ganar la copa. Tercero, mantener la puerta en cero, y lo hizo.
El Mundial a veces es justo y genera héroes inesperados, alejados de los semidioses que la publicidad ha creado. Son héroes -cruza de dioses y humanos- inesperados, desconocidos, efervescentes. Vozinha es desde ayer uno de ellos.
Como muchos otros de sus compañeros de selección, Vozinha juega en un equipo europeo… pero de divisiones inferiores. En su caso, guarda el arco del Chaves, nada para ganar reflectores. Pero ¿sabía usted que muchos futbolistas caboverdianos corren por la bola en varios continentes?
Si durante siglos Cabo Verde fue expoliada por su colonizador Portugal, que le concedió independencia en 1975, ahora hasta futbolistas le roban en tres continentes. Ha habido caboverdianos relevantes en el balompié europeo: Henrik Larsson, Nani o Patrick Vieira. Prefirieron selecciones de mayor nivel que la de su pequeño país. En un planeta encadenado al comercio global, la mercancía futbolista pasa por ese mercado y para algunos es una bendición. Así, caboverdianos juegan lo mismo en la MLS como CJ dos Santos (San Diego FC) y Steven Moreira (Columbus) que en la primera división rusa, tal el caso de Kevin Pina y Gilson Benchimol, o en la liga turca que en Chipre, Grecia o donde se pueda. Garry Rodrigues, figura de la selección, jugó en el Galatasaray y en el Fenerbahce.
La migración es no sólo mano de obra, también se exporta la pata de obra desde Cabo Verde. Sus mundialistas están esparcidos por los Emiratos Árabes Unidos, Irlanda, Finlandia, España (Logan Costa, en el Villarreal), Sidny Lopes, en el Benfica de Portugal, como también el defensor Stopira (Torreense), Jovane Cabral (Estrela Amadora), Dailon Livramento (Casa Pia), Telmo Arcanjo (Vitoria de Guimaraes) y Yannick Semedo (Farense). Lo hay en Israel, Bulgaria, Hungría y Rumanía.
El equipo se encerró, puso a los 11 atrás y se encerró a cal y canto a que no le marcara España. Los europeos pegaron en los postes varias veces, tiraron el remate por un lado, y todos los obuses que iban al arco, que fueron muchos, se encontraron con un héroe de 40 años que tapó todo como quizás nunca lo vuelva a hacer en su vida.
Josimar José Éora Dias es un nombre que nadie recordará, excepto sus parientes, su lugar lo ha tomado ya el mote de Vozinha, que en la variante caboverdiana de la lengua portuguesa significa Abuelita. Entre los 11 caboverdianos y los de cambio contuvieron a la poderosa España de Pedri, Yamal, Cucurella, Rodri, Unai Simón y Oyarzabal, entre otros, pero en esa muralla Vozinha fue el último baluarte, lo mantuvo a salvo. Y esa es una hazaña difícilmente igualable.
