Armando Martínez de la Rosa
** Traicionó Taddei la confianza del pueblo: Sheinbaum. ** Apuntes para un guion.
Por fin, la presidenta Claudia Sheinbaum abrió fuego directo contra Guadalupe Taddei Zavala, la defenestrada expresidenta del INE, y la acusó de haber “traicionado la confianza del pueblo”.
Sonó exagerada la presidenta Sheinbaum al hablar de la confianza del pueblo, porque entre la población así llamada, “pueblo”, Taddei era casi una desconocida y de algún interés sólo para los más informados.
Quizás no tanto, porque se trata de una película novedosa en México, por mucho que la corrupción y las traiciones han sido el pan nuestro de cada día en la historia nacional.
Todo ha sido exagerado en esta mezcla de drama, comedia, thriller de la maldad política, con elementos de pasión amorosa para todos los gustos y en el papel protagónico una señora madura difícilmente superable en lo grotesco y lo ridículo cursi.
-Ay, cómo eres, Alfredo- le dice al contratista favorito en funciones de camarógrafo, que le ha llamado reina -la monarquía de barrio para todo uso, lea antes el manual-, la señora ataviada para ocultar su sobrepeso. Ella va llegando a una fiesta lujosa pagada con dinero del empresario, es decir, con la feria del INE.
El cinismo, con el mismo contratista llevando a París al hijo de la señora que le dijo “ay, cómo eres, Alfredo”. Es él, ahora, quien expresa una frase reveladora de la dimensión de la corrupción y el cinismo. -París a tus pies, chamaquito-, le dice al prospecto de entenado que bebe azorado una copa de champaña en un hotel de 200 mil pesos la noche, pagado con feria del INE, claro, de eso se trata.

[Foto: Otra escena del drama, con música de Fueron los días de amor…]
Si la señora del “ay, cómo eres, Alfredo” traicionó “la confianza del pueblo”, la pregunta concomitante, obligada es ¿quién traicionó a Taddei? Es decir, ¿quién filtró los videos?
Una versión apunta al hackeo del teléfono del contratista y otra a que fue él mismo quien los filtró a la prensa independiente. Una venganza por otras traiciones de ella al contratista en torno a la concesión de más contratos, de los que ya los tenía por casi 600 millones de pesos.
Hasta aquí, el drama, la comedia y el thriller reclama música para remarcar las emociones del espectador y tocan “hablando de mujeres y traiciones”.
Luego, el director y el guionista optan por un flashback para ir al pasado que explica el presente. Aparece un anciano canoso, poderoso políticamente, elogiando a la Taddei, a la que llama talentosa y honesta, sobre todo honesta. Ese día, la protagonista no estaba presente para responder a tanto elogio con un “Ay, como eres, Andrés”.
El tiempo de la narración cinematográfica es lenta en este filme. Unos protagónicos quieren atajar la justicia y la ley; otros piden acelerarla. La producción apunta a la exportación de la película. Washington, no Hollywood, está interesado en comprarla, aunque falta mucho para el desenlace. La protagónica, ya en la desgracia, se queja ahora de la traición del amante. “Ay, cómo eres, Alfredo”, dice de nuevo mientras se derrumba en lágrimas para darle fuerza a la escena. (Continuará)
