Tiene López “otro Trump”
El lenguaje delata su origen. Andrés López, el añoso, nunca dejó de ser priista de viejo estilo, el priismo de las prácticas mañosas, de la demagogia envolvente y la trampa a flor de piel. Y, claro, el uso del truco para ocultar la autoría de tropelías aunque todo mundo supiera a quien culpar.
Conocí a unos chinos corresponsales de su agencia de noticias oficial
en el Departamento de Estado de Estados Unidos. Se sentaban siempre al fondo, los 3 juntos. Nunca preguntaban nada ni en chino ni en inglés. Serios, hieráticos, personajes de sí mismos y de millones de sus compatriotas. La expresión tiene otro origen, pero bien podría estar ahí, cuando se dice de alguien que es “como los espías chinos, misteriosos y pendejos”. Así anda López, misterioso, haciéndole al ensarapado, pataleando, asustado.
En el lenguaje y sus procedimientos, el silencio también es mensaje, y el mensaje es claro o no lo es. Y Andrés López, el macuspano, los da al estilo del viejo PRI, su esencia. Primero aparece en foto con su hijo Andy para respaldarlo. El aviso es para Morena, en particular para Claudia Sheinbaum. “No me lo toques”. [¿Recuerda usted cuando el recién asumido presidente prometía proceder hasta contra sus parientes?]
Le sigue el segundo mensaje. Le da cuerda a la CNTE para que el vandalismo le salpique a la presidenta Sheinbaum a días de iniciarse el Mundial, uno de los espectáculos más vistos en televisión planetaria y jugosito negocio de un montón de poderosos a quienes me referiré otro día. Y ahí están los criminales supuestos maestros reclamando no trabajar, valentones en montón y chillones cuando les revienta uno de sus propios cohetones en la cara.
Y el tercero es la carta de la hipocresía. Aparece el sátrapa tabasqueño aparentemente lamiéndole las zapatillas a Sheinbaum y arremetiendo contra Trump y, sobre todo, contra sus colaboradores. Como siempre, la realidad se acomoda a sus necesidades. Así como recurrió a sus “otros datos” para falsear la verdad seis años, ahora se inventa “el otro Trump”. Con palabras distintas, le dice a Sheinbaum: “Conmigo no era así”. Claro, no necesitaba serlo. El perrito faldero mexicano se acoplaba solo al mandato del amo washingtoniano. Recuérdese qué lambiscón, apocado y ridículo fue López ante Trump el día de la única visita a la Casa Blanca.
Para completar el retrato, López saca el barrio del viejo PRI en que se formó y, con hipocresía mal disfrazada, lambisconería indisimulada, acusa al gabinete de Trump de emprenderla contra México. No a Trump, sino a su gabinete. La misma miserable actitud de aquellos que le temían a la dictadura perfecta: “No es el presidente, son sus malos colaboradores” o “no es el gobernador, es que lo malinformaron”. Tener “otro Trump” no le salvará la zalea. El macuspano, su progenie y sus cómplices están en el camino del infierno.
