Rogelio Guedea

La UdeC más allá de sus fronteras

Estoy en Japón. Fui invitado por la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe para dar tres seminarios sobre literatura y cultura latinoamericana. Es la tercera vez que estoy en este país, por las mismas razones que las anteriores. Antes estudié parte de mi preparatoria en la Nogales High School, en California, y desde entonces supe lo importante que era conocer y explorar otras culturas y sociedades, porque antes intuía y ahora lo sé por convicción que es la mejor forma de entender y penetrar profundamente en la nuestra.

Por eso estudié mi doctorado en España y luego tuve una experiencia académica larga en Nueva Zelanda, en la Universidad de Otago, donde también tuve la oportunidad de vivir un diálogo multicultural. Todo esto (aunado a la

lectura y la propia escritura, como método también de autoconocimiento) me han dado mayor conciencia del mundo en que vivo, más empatía y más tolerancia, incluso más sentido humano con los otros y conmigo mismo. Creo que eso te hace mejor persona y, por tanto, mejor ciudadano, sin que uno llegue a ser perfecto, claro.

Digo esto (e insisto en ello) porque la Universidad de Colima tiene un programa de internacionalización muy importante, y es necesario enfatizar su trascendencia, pues a veces tengo la idea de que no se le da la dimensión debida. Recientemente el propio rector Christian Torres Ortiz invitó a que todos aquellos egresados de nuestra máxima casa de estudios que estudian y trabajan en el extranjero hagan saber su ubicación y parte de su trayectoria profesional y académica a fin no sólo de constatar los alcances de nuestra institución sino también de estimular a otros estudiantes o egresados a que vivan esta enriquecedora experiencia. Nuestra universidad es clave en este sentido: ayuda a traspasar cualquier frontera y poner en perspectiva nuevas visiones de ajenos entornos y del nuestro propio.

La Universidad de Colima cuenta con convenios de intercambio académico, por ejemplo, con varias universidades japonesas, y así lo tiene con muchos otros países a lo largo y ancho del mundo, de manera que las oportunidades están abiertas para todos aquellos que quieran simplemente aprovecharlas. Son experiencias inéditas, sumamente enriquecedoras, y es un ganar ganar para todos, tanto para aquellos que nos reciben como para los que somos recibidos. En este encuentro de culturas, de verdad, nadie pierde.