** Con sólo un gol de ventaja, Inglaterra cometió el error de replegarse hasta que le dieron vuelta al marcador.
Si Argentina está en la final, se lo debe a Inglaterra que cometió el yerro enorme de regalar el partido replegándose y renunciando al ataque, con apenas un gol de ventaja.
Con lapsos de menor intensidad, Inglaterra había controlado el partido, manejado mejor la pelota, determinando el rumbo del juego e imponiendo a Argentina candados en los avances, que fueron pocos.
Al minuto 55, Gordon remató de manual un centro raso para el 1 a 0. Con esa ventaja magra, el entrenador alemán de los británicos, Tuchel, ordenó cerrar filas, juntarse todos en la retaguardia y romper el balón sin una salida clara al contragolpe.
Atrincherarse como lo hizo ante México y que estuvo a punto de costarle la victoria, es no aprender de los yerros. Tuchel dijo ayer mismo que todo estuvo bien y que el repliegue no tuvo que ver con la derrota.

Desde fuera, la percepción es diferente, una Inglaterra jugando a defenderse ante un equipo en que juegan Messi y Enzo Fernández. Y cuando la evidencia del acoso era clara, Tuchel ni parpadeó, ni siquiera cuando le empataron al 85, vía Enzo. Cuando al 90+2 los sudamericanos marcaron el segundo mediante Lautaro Martínez, el alemán se apresuró a modificar la táctica y mandar al equipo de atacar. Mala cosa, la de Tuchel, que es como tratar de moverse cuando la bala ya viene a 10 metros.
Por otro lado, la polémica arbitral regresó, por Argentina, claro. Al minuto 3, Enzo Fernández pega un fuerte golpe deliberado en la nunca de Anderson. Ameritaba VAR y no se marcó ni falta. Fernández terminó metiendo el 2 a 1 90 minutos más tarde.
Argentina ganó el partido, evidentemente, pero el pase a la final lo regaló Inglaterra, a la que le hubiera bastado un poco más de atrevimiento y un mucho más de vergüenza deportiva de Tuchel para sacar el juego y el boleto que no tiene desde 1966. El domingo, Argentina y España batallarán por la Copa del Mundo.
